El Contrato por Ruth Gogoll – Libros Lésbicos

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Este libro lésbico puede leerse independientemente, pero dado que es la segunda parte de “Una Isla para Dos”, podría ser muy recomendable leerlo tras éste.

Dejamos a Danielle y a Andy embarcadas en una relación marcada por la falta de simetría: la primera es una mujer de negocios rica y de éxito y la segunda una adolescente a punto de presentarse a los exámenes de Selectividad. La jovencita está declaradamente prendada de la ejecutiva, pero las dudas sobre la reciprocidad con que Danielle responde a sus sentimientos planean como una nube perpetua entre ambas. Andy, debido a cómo empezaron el romance, cree que su amante sólo quiere de ella sexo y más sexo. Y, por si fuera poco, se empeña en pagar por el tal sexo. Eso a Andy la trae por el camino de la amargura: siente que presta servicios sexuales a cambio de dinero; es decir, piensa que se está prostituyendo.

Ahora, en “El Contrato”, seguimos poco más o menos en el mismo punto. Con la diferencia de que han intimado más, que la mamá de Andy conoce (de vista y fugazmente a la novia de su hija) y que salen de cuando en cuando a cenar. Pero, quitadas estas salvedades, volvemos a partir de una situación parecida: Danielle propone a Andy irse a pasar otras vacaciones. En la presente ocasión esquiar en Aspen. Como puede verse, el presupuesto del ocio de esta mujer es bastante elevado. No sé qué hago en mi trabajo, habida cuenta de que también me gustaría ser multimillonaria; decididamente debería optar por cambiar a publicista o…fontanera (meten unas facturas de infarto).

La joven estudiante accede encantada, aunque perseguida por sus fantasmas de siempre (que si me paga por acostarme con ella, que si no… en fin, ¡criaturita!). No obstante, ella ha percibido un cambio mayúsculo en la actitud de Danielle. Es más tierna, más cariñosa, más atenta. A veces, incluso, parece que está enamorada.

No era el témpano que aparentaba ser. Pero yo evitaba reaccionar ante lo que me decían sus ojos. Por el momento ya era suficiente para mí, porque era más de lo que yo podía pedir en un principio. Ella precisaba tiempo y yo se lo iba a dar. Quería ofrecerle todo el tiempo del mundo y pasar con ella el resto de mis días. Ella era mi mundo.

Las vacaciones son esplendorosas. Se lo pasan absolutamente genial. Y, por supuesto, el sexo corre a raudales como si alguien hubiera abierto el grifo del manantial de los polvos.

Sus dedos aletearon por mi cuerpo como pájaros nerviosos que no encontraban sitio en el que posarse.

Pero, paulatinamente, Andy comienza a ver otra vez algo raro en el comportamiento de Danielle. A veces es dulce, encantadora; otras veces vuelve a ser la tirana gruñona de siempre. Pero lo que más alarma a la perpleja estudiante es la aparición de una nueva y extraña actitud:

-No me dejes sola- dijo, con voz ahogada.
Nunca la había visto así. Nunca se había mostrado tan vulnerable. Por regla general, lo ocultaba.
-Claro que no, Danielle- dije, algo asustada ante el tono infantil de su voz-. Nunca te voy a dejar sola. NO debes tener miedo.
Se acurrucó sobre mi hombro. Le eché una colcha por encima mientras la miraba, pensativa. Sentí una extraña sensación.

Cuando todo parecía ir más o menos bien, de repente, Danielle desaparece dejando un contrato que Andy debe firmar. Es, en realidad, la confirmación de sus peores predicciones: tras darse el piro, la deja “bien colocada”, como una amante que se ha portado muy bien… O eso podría parecer.

Sin embargo, aunque digan que el amor es tonto en cuanto que ciego, Andy tiene suficiente sesera como para darse cuenta de que lo que allí está pasando no es normal. Por supuesto calibra cuidadosamente la posibilidad de que la haya abandonado por otro trozo de carne fresquita, por supuesto que lo pone en común con su mejor amiga (recién estrenada como amistad y lesbiana también, por más señas), y también acaba enterándose su pobre madre. Digo “pobre” puesto que, lógicamente, cuando se entera de ciertos detalles de la relación, pone el grito en el cielo pensando que su hija ha sido víctima de la peor de las seducciones.

Pero Andy erre que erre. No se quedará tranquila hasta que no encuentre la clave y la llave de la súbita partida de su amada. Porque por eso está tan terca: porque la ama y no va a dejar que se libre tan fácilmente de su compañía.

Y aquí está la aventura y el suspense: ¿Se ha fugado Danielle en plan traición, cansada de Andy una vez la ha exprimido sexualmente? ¿Amó Danielle a Andy alguna vez (en la primera o en la segunda parte del libro), o es lo que parecía en un principio sin más? De no ser así, ¿qué poderosa razón ha impulsado a Danielle a desvanecerse de la faz del planeta?

Los interrogantes no quedan aquí porque, dejando de un lado las motivaciones o no motivaciones de la desaparecida… ¿dónde ha ido a parar?

Andy, movida por sus sentimientos inasequibles al desaliento amoroso, emprenderá una investigación que merece la pena seguir. Emocionante.

En comparación con “Una Isla para Dos”, hay que reconocer que existen elementos que mejoran mucho. Para empezar, el argumento está mejor trabado; la historia es más elaborada, tiene más intriga, sorprende más. Y, aunque la solución final podría calificarse de un tanto ilusoria o fantásticamente ideal (no me tiréis de la lengua, no pienso spoilear), no por esto hay que decir que el desarrollo de la trama no consigue tirar de nuestra lectura hasta el final. Para mí, es mucho mejor que la primera parte, a pesar de que no deja de ser también una novela ligera.

Como en la obra precedente, además del suspense añadido en esta segunda parte, encontraremos igualmente el aliciente sexual continuado. Es, como la primera, una novela lésbica de marcado tinte erótico. Y, además, también romántico.

Era como si la tierra entera hubiera desaparecido para nosotras y nos encontráramos en el cielo, mejor dicho, en el Olimpo. Los labios de Danielle sabían como la ambrosía, el alimento de los dioses, y su piel era suave al tacto, como la de los mismos dioses cuando se despojan de sus aterciopelados ropajes. Sus pezones eran como uvas, oscuras y dulces. Los chupé, los absorbí con mi boca, los dejé crecer en ella, intenté probar el dulzor de aquella fruta.

Que la disfrutéis, si os apetece.

Edición citada: GOGOLL, R. El contrato (“Una Isla para Dos”, Segunda Parte). Edición Kindle. Editorial Egales (Colección Salir del Armario). Barcelona/Madrid, 2012.

Una Isla Para Dos por Ruth Gogoll – Libros Lésbicos

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Lo que menos podía imaginarse Andy aquella tarde, justo la primera vez que acudía a un bar de ambiente, es que se iba a topar con una mujer que cambiaría su vida. Eso es tener tino a la primera y lo demás son tonterías. Danielle, publicista de éxito, con agencia propia y mucho dinero sobrante, es la interfecta. Danielle es fascinante, atractiva, poderosa. ¿Cómo podría Andy soñar con que se fijaría en ella precisamente? Pues sí, eso es lo que sucede. Danielle se interesa por Andy; pero, ¿es el interés que apetece la interesada?

La ejecutiva prodigiosa tiene un historial cumplido y variado en cuanto a aventuras sexuales. Su amplia experiencia no es lo que más enamora a Andy, que teme no ser más que otro pasatiempo-acostón de los muchísimos que han pasado por la cama de la poderosa publicista.

En principio, Danielle le ofrece hacer unas prácticas bien remuneradas en su empresa de publicidad. Ya de por sí, esto es una buena oferta. Pero pronto le hará otra mucho más tentadora: pasar junto a ella unas vacaciones de ensueño. Grecia, el mar Egeo…Aunque nada se da a cambio de nada porque todo tiene un precio, y unas supervacaciones con todos los gastos pagados y gratificaciones aparte, por fuerza tiene que ser a cambio de algo. ¿Qué será ese algo a pagar por Andy?

Exacto: sexo. Cierto que al estar colada hasta las trancas por la rica publicista, a la becaria esto no le supone ningún problema, más bien lo está deseando. Pero el acostarse con alguien (aunque estés loquita por ella) a cambio de dinero tiene ciertas connotaciones. Es más, podría decirse que a quien hace este tipo de cosas se la llama con un nombre de cuatro letras. Como Andy es una chica lista y entiende perfectamente que la prostitución podría anidar en sus acciones, vive en perpetuo disgusto hacia sí misma. Su preocupación reside en no saber si realmente Danielle siente algo por ella o si simplemente la trata como a una puta.

Intenté mostrar una expresión que ya había tenido éxito en otras ocasiones y dominar la repugnancia que me producía el sentirme como un trozo de carne joven y firme que ella había comprado para su disfrute.

Andy no deja de ser una jovencita inexperta, más o menos inocente y, además, virgen. Eso también entra dentro del trato: Danielle ha adquirido el derecho a su desfloración. Tal vez deberíamos decir que lo que tiene es un acuerdo de que será ella quien inicie a la joven en los placeres sexuales a todos los niveles. Pero al final, el centro justo de su tortura mental sobre si la quiere o no la quiere, pasa también por aquí: debe entregarle su florecilla aunque, eso sí, con sumo gusto. Porque lo está deseando, qué demonios, pese a que no hace más que deshojar la margarita. De todas formas, las escenas de “primera vez” siempre han tenido encanto.

El hilo narrativo se centra en la ambigüedad de los sentimientos de Danielle. No es fácil saber si Andy imagina que la está tratando mal o si realmente la ricachona humilla a la becaria. En realidad, el aliciente argumental es precisamente ese deshoje de margarita de Andy: se trata de saber si realmente Danielle la ama o sólo se la está tirando con toda la alegría.

La jovencita cree vislumbrar sentimientos tras la gélida coraza de la mujer de negocios. Parece que es así, pero tal vez no. ¿Me quiere o no me quiere? En cualquier caso, las voluptuosas experiencias que vive con ella ya le merecerían la pena, aunque la tierna joven quiera amor de los de verdad.

Controlaba mi orgasmo como si fuera un piloto de Fórmula 1. Yo estaba a su merced.

Pero ella lucha entre lo agradable que es hacerse ilusiones y la dura realidad que cree ver tras la frialdad estudiada de su amada. ¿Será que verdaderamente la quiere también y sólo disimula para no demostrar vulnerabilidad?

En cualquier caso, le salga bien o mal, Andy ha sabido elegir un buen partido. Danielle es tan asquerosamente rica que, por tener, tiene hasta una isla en el Egeo. No se conforma con un yate, ni con que todos los lugareños la traten como a una diosa griega (nunca mejor dicho): ¡es propietaria de una isla! Y dentro de la isla hay un pequeño palacete incluso, aunque esté para el arrastre y necesite una urgentísima reforma.

Las vacaciones son espectaculares. Andy, en medio de paisajes tan rotundamente maravillosos, cree flotar en el amor y de una forma irremediable se entrega a sus ilusiones.

Fui hacia ella y pasé un brazo a su alrededor. Ella me miró, sonrió y dirigió de nuevo la vista hacia delante, para controlar el rumbo sobre el agua. Así debe de ser el cielo, pensé yo, feliz. Verano, sol, viento, mar y una mujer amada entre los brazos”.

Cuando vuelven a la vida real, Danielle decide no romper relaciones. Al parecer, los “servicios” de Andy han sido de su agrado. Al menos esto es lo que le parece a la adolescente, que sigue obsesionada con ser sólo una pieza de carne en un mostrador.

¿Hasta dónde llegará el romance? ¿Tendrá razón Andy cuando se deja dominar por sus peores sueños o estará acertada cuando se deja llevar por los mejores?

Como ya os habréis dado cuenta, la novela no está huérfana precisamente de algunos de los estereotipos que se acostumbran a utilizar en los libros lésbicos. Mujer espantosamente rica que conoce a chica abrumadoramente pobre + dudas gigantescas sobre la sinceridad de los sentimientos de alguna de ellas, o de ambas + muchísima pasta, paisajes exóticos con lujo por todas partes y…sexo por todas partes también.

Esto es lo acostumbrado. No obstante, el libro tiene sus lados positivos: se lee con facilidad, tiene buen ritmo y la historia no carece de interés. Para no complicarse mucho, como lectura de relax, es perfecta: no hay que pensar, pero tiene el fondo justo para no aburrirse. Por otra parte, el sexo omnipresente también es un aliciente a tener en cuenta, ¿no?

Así que ya sabéis: si el plan es pasar unos ratos de lectura sencilla y entretenida, este puede ser el libro lésbico adecuado. Además, siempre queda la intriga de saber qué nos deparará la segunda parte. Porque hay segunda parte, y también encontraréis la reseña aquí. Que lo disfrutéis, si os apetece.

Edición citada: GOGOLL, R. Una isla para dos . Edición Kindle. Editorial Egales (Colección Salir del Armario), Madrid/Barcelona, 2012.

Un peldaño más por Karin Kallmaker – Libros Lésbicos

Un peldaño más

La vida de Selena Ryan no puede ser más rotundamente emocionante y excitante. Es ¡productora en Hollywood! ¿Cabe mayor glamour y más emoción en un oficio? Imaginad: los rodajes, las estrellas, las alfombras rojas de estrenos y entregas de premios….En fin, una vida de película (en el más estricto sentido de la palabra).

Pero esta existencia llena de lentejuelas y eventos espectaculares no es, ni de lejos, lo que da a una persona la felicidad. Al menos, no lo parece. Ya sabemos que a los pobres suelen decirnos a cada momento eso de que poseer toneladas de pasta, tener al alcance todo tipo de privilegios e influencias y rebosar fama por los cuatro costados no hace la felicidad. Eso se resume en la conocida frase “los ricos también lloran”. Bien, puede ser, aunque también hay quien apostilla que tener mucho dinero no garantiza la dicha, pero ayuda a conseguirla.

En el caso personal de Selena, la creencia popular antes aludida (lo de que la riqueza es un rollo) se confirma de forma abrumante. Está muy ocupada, trabaja mucho -cobra mucho también-, su estrés es considerable –sin embargo tiene dinero para irse a un spa a relajarse-, etc, etc. O sea, que es una pobre ejecutiva atareada e infeliz.

Hacer películas era algo que tenía que ver con la fantasía y con la magia…¡se suponía que era divertido! Pero también hacía aflorar en demasiada gente lo peor que llevaba dentro, su lado más malvado, manipulador y egoísta, y a la mayor parte de ellos les daba igual a quién herían. Pensaban que lo único importante era lo que acababa quedando a la vista del público.

Ella pensará que es su medio laboral lo que no la colma, pero en gran medida esa falta de satisfacción radica en que es una desafortunada en amores. Su última novia, actriz de éxito y descomunal belleza, le hizo una igualmente descomunal trastada y la dejó tirada cual trapo mojado en mitad de callejón. La tal actriz se llama Jennifer Lamont y es una pedazo de zorra malvada de las que dejan huella. Una huella que la ha marcado a la hora de desconfiar de todas y cada una de las chicas que se dediquen al mundo de la actuación. Selena huye de las actrices como de la misma peste bubónica.

Jennifer era una farsante. Llevaba la mentira escrita en su ADN, y las actrices son unas mentirosas particularmente dotadas. Mentirosas profesionales. Selena podría trabajar con ellas debido al contrato que todos tenían que cumplir, pero nunca más volvería a salir con ninguna. Nunca.

Por su indiscreción calculada y malintencionada, el romance entre las dos salió a la luz de la prensa amarilla y Selena ha visto peligrar su bien ganada reputación de seria y decente productora cinematográfica. Además de estar muy buena y de ser una “bitch” monumental, Jennifer ostenta aficiones que no casan bien con el modo de pensar de Selena.

A Selena no le molestaba la desnudez, pero sí el que utilizasen el vientre plano de una mujer en posición supina para esnifar rayas de coca.

Todo ha terminado entre ellas. Ambas se odian mucho y ya está. Pero las cosas no acaban ahí. Selena está preparando una nueva película, algo especial: con estilo, con prestigio, con guión. Se llamará “Barcelona” y para ella quiere contar con el mejor equipo posible.

En este momento debo señalar que la visión que de la ciudad española tiene la autora es un tanto esquemática, propia de quien ve cualquier localidad europea como una especie de paraíso antiguo y exótico: es decir, el típico punto de vista de una escritora norteamericana. De hecho, cree que el clima mediterráneo es poco más o menos como estar en el Sáhara. Vale que en Barcelona haga calor en ciertas épocas del año, pero convendréis conmigo en que lo que sigue es un tanto extremado:

…estaban atrapados en un horno en el que se podrían cocinar palomitas.

Y no me queda más remedio que hacer un comentario similar para lo siguiente:

Los hospitales españoles se parecen mucho a los de Iowa, pensó Gail. La mitad de las cosas estaban rotuladas en latín…

¿En latín? A no ser que confunda el español o el catalán (lenguas romances, derivadas del latín por consiguiente) con el propio latín, esto no tiene ningún sentido. Y que conste que lo que me produce más perturbación es pensar que en los hospitales de Iowa los rótulos están en latín: Presuponiendo con bastante lógica que los habitantes de Iowa no sabrán latín (cuestión más que probable), ¡entonces los usuarios de los hospitales de Iowa no entienden los rótulos!, ¡qué caos el de los hospitales de Iowa!

La nueva producción aspirará a llevarse algún galardón importante y puede ser un buen camino para aquellos actores que, presas del éxito como divos de tiroteos, aparquen su carrera encasillada y consigan hacer por fin un papel de prestigio. Es el caso de Hyde Butler, apuesto y amable galán con personalidad, pero nula experiencia como actor de carácter. Hyde es un buen tipo, aunque como actor no ha pasado de ser un bonito trozo de carne varonil con la que aúllan las féminas heterosexuales (y los hombres gays) cada vez que asoma su atractiva jeta en la pantalla. Selena le convence para que participe en la película. Ya tenemos protagonista masculino.

La habilidad de Selena para rodearse de los mejores pronto se manifiesta en todo su esplendor. Técnicos, actores, músicos, etc, van siendo reclutados a toda velocidad. Y, por supuesto, la productora consigue lo más importante: dinero para el proyecto.

Quedan aún algunos flecos. La protagonista principal y la “Supporting Actress”.

Un día de esos tontos que tiene cualquiera, Selena acude al local donde habitualmente va a comer hamburguesas, llena de mal humor, frustración y ganas de pegarse un tiro. Para terminar de estropear su ya maltrecho estado de ánimo, una patosa camarera le tira encima la bandeja, poniéndola perdida de hamburguesa, tomate, mayonesa y demás sustancias pegajosas. Selena se va cabreada. No sabe que acaba de conocer a la que será la segunda actriz de su película: Gail Welles.

Gail es una inocente golondrina que se ha posado en Los Ángeles, procedente de Iowa. El motivo de haber emprendido el vuelo hacia Hollywood es, cómo no, acabar triunfando en la industria del cine hollywoodiense: ser una actriz de éxito, una estrella del celuloide. Hasta el momento, su éxito en los castings ha sido bastante limitado. Pero, como ya podéis figuraros, su suerte va a cambiar.

Ver trabajar a Gail era sencillamente una dicha. El querer que le dedicase aquella sonrisa era sencillamente una necesidad. Sencillamente se moría porque la energía y la dulzura de Gail la envolviesen como una cálida manta. Había jurado no volver a enamorarse de una actriz y, no obstante, cada vez que la miraba una voz interior le susurraba: “De ella puedes fiarte. Tranquila, de ella puedes fiarte”.

Chicas, ya que no podemos librarnos de los clichés del género, disfrutemos de lo que hace original cada novela. Cierto es que en esta nos encontramos una vez más con la consabida ricachona exitosa pero infeliz que conoce a inocente pieza de caza que se presta a ser capturada. Aunque a cambio tenemos un escenario interesante, el mundo de las producciones cinematográficas.

La ambientación en este sentido es generosa, incluyendo ciertos detalles que ayudan a que nos encontremos en el centro mismo del rodaje. Por ejemplo, respecto a la prohibición del bronceado de los actores:

Si os cambia el tono de piel, a los de continuidad les dará un ataque y los de maquillaje organizarán un escándalo.

O ciertas diferencias entre los rodajes de las películas de acción y las que cuentan una historia medianamente interesante:

Nada de efectos digitales ni de poses delante de una pantalla verde. Además, como va rápido y no sufrimos enormes retrasos para preparar la pirotecnia, estamos trabajando a diario. Así pues, nada de fiestas hasta la madrugada porque no hay otra cosa que hacer.

Asimismo, hay numerosas alusiones al mundo del cine desde el punto de vista fílmico. Sin ir más lejos, observad cómo el galán Hyde Butler pide a Selena que propicie su contratación, en contra de lo que opina su agente:

“Ayúdame, Obi-Wan Kenobi –le rogó él¬-. Eres mi única esperanza”. Sí, es la frase que suelta la princesa Leila en “Star Wars”, mensaje que oculta en R2D2 como si fuera una botella que tira al mar.

“Imaginó que sus estúpidas, infantiles y locas esperanzas eran Janet Leigh, y a continuación las metió en las duchas del Bates Motel”. ¡Ahhhhh, placer! ¡Esto es “Psicosis”, de Alfred Hitchcock!

El propio protagonista masculino de la película tiene un parecido más que regular en su caracterización con Clark Gable, y de hecho se apellida Butler (tal como Rett Butler, galán absoluto de “Lo que el Viento se Llevó”). No voy a comentar la curiosa coincidencia de que todos los apellidos de los personajes de la novela tengan algo que ver con algún personaje relevante de la historia del Cine, pero así es.

A ver, creo que a estas alturas para nadie será un misterio que este es el típico libro lésbico de corte romántico-norteamericano. Chica con pasta conoce a actriz sin un duro (en este caso, sin un dólar USA o centavo); chica con pasta es poderosa, pero no quiere que nadie piense que enchufa a la “chica sin pasta-pero-con-grandísimo-talento”-. Ahí está el centro del conflicto, junto con otros elementos que adornan la trama alrededor: la ex de la forrada, Jennifer que, como ya he señalado, es una zorrupia con galones – por poner un ejemplo.

Entre capítulo y capítulo aparece un pequeño inserto de cotillerías que se están publicando en ese momento de la acción y que por un lado apoyan la verosimilitud de los temores de la pobre Selena (menuda panda de vampiros la rodean a ella y a toda la producción), y por otro ilustran sobre lo pobre, mezquino e inexacto de los tales rumores lanzados al viento.

Lo que suelo decir cuando llego a este punto es que, al menos, hay sexo a raudales. Pues no, en este caso no me queda más remedio que señalar que hay sexo, pero no abundante. De vez en cuando surge alguna frase divertida, cierto.

Prácticamente se le había caído la baba ante aquella mujer. De repente, su cuerpo se estaba obsesionando con el hecho de que llevaba demasiado tiempo sin acostarse con nadie. Decididamente, ciertas zonas estaban despertando y diciéndole “¿Te acuerdas de mí?”.

Pero que nadie espere encontrar sexo a espuertas, porque hay algún polvo pero se reserva para el final. Lo que salva la novela es que la trama es entretenida con todo el rollo del cine: resulta divertido ir “cazando” referencias. Además acaba llevándonos al huerto con la “intriga” de si estas dos llegarán a terminar juntas a pesar de que a ninguna les conviene para sus respectivas carreras.

Se puede leer porque es entretenida. Pero no esperéis delirar de la emoción. Disfrutada si os apetece, que ya íbais queriendo algo más liviano. ;)

Edición citada: KALLMAKER, K. Un peldaño más Ed. Egales. Edición Kindle. Editorial Egales. Madrid/Barcelona, 2012.

Las Andanzas de Lara por Raquel G. Íñiguez – Libros lésbicos

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A Lara la conocimos en dos de los relatos que configuran “Siete Tentaciones”, libro lésbico que ya reseñé en Lesbicanarias hace poco. Esos dos relatos son su nacimiento como personaje y una especie de “pre-andanzas”. Sabemos gracias a ellos que Lara es una estudiante de Medicina no muy aplicada, pero que sabe vivir la vida. Sabemos que ha caído en una residencia poblada por 101 estudiantas (probablemente un irrepetible y apetitoso mercado de chicas ligables). Y sabemos, por último, que se ha pasado un verano más que interesante con Sandra, una autora de ficción lésbica de fulgurante éxito (del tipo de las que escriben los libros que reseñamos aquí). Pues nada. Ya presentado el personaje sólo queda, antes de meternos en harina, levantar acta para decir: a Lara su autora le cogió cariño y el cariño es algo que no se acaba así como así. Esta niña tiene muchas bazas para lograr seguir viviendo más allá de esta novela. Y como nosotras también le estamos cogiendo cariño, su supervivencia será motivo de celebración.

Las andanzas de Lara no son sólo de Lara. Para empezar, las cuatro amigotas de nuestra protagonista le contarán con pelos y señales lo que les sucedió en sus vacaciones en Tenerife. Lara no fue con ellas, porque para eso estaba disfrutando del verano en el relato “Perdiendo el Norte”, de “Siete Tentaciones”. Así que sus amigas-compañeras de Facultad se ven en la obligación de ponerla al día respecto a sus propias y colectivas andanzas.

Las vacaciones de estas tipas en Tenerife merecen capítulo aparte. Como son de naturaleza variada, de gustos variados y de preferencias sexuales variadas, van en grupo pero cada quien pilla lo que puede, sin complejos. Las islas ofrecen abundantes alicientes para que unas vacaciones sean auténticamente paradisíacas.

Se bañó desnuda en las aguas plateadas por la luna. (Págs 89-90)

El único elemento que podría desarbolar un poco la navegación de las niñas juerguistas es Laura. A Laura la llaman “la Tiquis” (abreviatura de “tiquismiquis”, alguien que le pone muchos reparos a todo). Es novia formal de un novio también muy formal; ambos a dos son formalísimos. La apuesta que nace del grupo nada más llegar a las islas es si Laurita saldrá virgen de las vacaciones (llegan a hacer una porra sobre el particular). Laurita va de santita, pero no lo es tanto. Laurita va de prometida-enamorada, y tampoco lo está tanto. Laurita va de monja, y de eso sí que no tiene absolutamente nada. ¿Qué le espera a Laurita en sus vacaciones tinerfeñas? ¿Quién ganará la porra?

Por su parte Lara, nuestra protagonista central, vuelve con ganas de marcha a Madrid. Sigue en la edad (de merecer y de darse a la vida loca) y con menos ganas de desaprovechar oportunidades amatorias que de coger los libros (que ya es decir). Porque, hay que señalarlo, Lara ha llegado a segundo curso de Medicina por milagro de las diosas: no pegó palo al agua el curso pasado y este…ya veremos, porque la vida está llena de buenas intenciones.

Debemos reconocer que ella lo intenta, al menos un poquito. Pero es que sigue habiendo demasiadas tentaciones alrededor, y se nos distrae. Pobre chica, ¡con tanta hembra rodeándola! Y además, a la jodía se le da muy bien ligar. Lo que pasa es que su detector de chicas que le convienen todavía no lo tiene desarrollado. Así que aterriza con cada sujeta que….mejor no hablar.

Por de pronto tenemos a Gregoria. ¡No, no la llamemos Gregoria, que se pone hecha una furia! Hay que decirle “Goya” (como el pintor). El capítulo se titula “50 sombras de Gregoria Goya”, que recuerda muchísimo a “Cincuenta Sombras de Gregorio”, de Rosella Calabró (libro paródico de las dichosas “Cincuenta sombras de Grey” ). Goya es un tanto original: es gordita, lo cual está bien porque las mujeres con redondeces también tenemos nuestro atractivo; es borde, lo cual está mal porque el carácter difícil no tiene por qué aguantarlo nadie; es…rara, porque se comporta de un modo extraño y pretendidamente misterioso. Eso sí, en la cama resulta una auténtica fiera y por supuesto eso es un punto a tener en cuenta:

Gregoria acariciaba con su lengua como nadie. Los labios, el interior de los mismos y con su lengua la mía. Yo cada vez me estaba poniendo más caliente. Ella, sin dejar de besarme ni un segundo, me fue quitando mi chupa, que aún la llevaba puesta, y la sudadera. Prácticamente sin enterarme y en cero coma segundos, mi sujetador cayó al suelo. Ni Houdini lo hubiera hecho más rápido. (Pág. 113)

A Lara le gusta, aunque Goya da muestras de ser un tanto absorbente. Una noche anuncia que obsequiará a nuestra protagonista con una sorpresa. Cenan opíparamente en un lujoso restaurante con velitas, buen vino y buenas viandas. Parece que va a ser una velada teñida de romanticismo a tope… y buen sexo, por qué no.

Esta mujer no come, devora. Ama comer, disfruta como nadie. Siempre he dicho que como eres en la mesa eres en la cama, así que esto se ponía más que interesante. (Pág. 103)

Lara está emocionada, expectante; y no va a quedar defraudada porque si espera que el plato fuerte de la noche sea una sorpresa, se la va a llevar… ¡y bien grande!

Es lo que tienen las andanzas de Lara: unas son divertidas y placenteras, otras menos y otras, pues nada en absoluto: más bien desastrosas.

Los fines de semana están para disfrutar y eso las amigas de Lara lo llevan a rajatabla. Una de ellas guarda un recuerdo muy grato de las vacaciones canarias; en especial, de una persona que conoció allí. Pues bien, como no han vuelto a verse y parece que la cosa podría ir bastante en serio, las amigas preparan una encerrona para que se vuelvan a encontrar y las brasas amorosas revivan de nuevo. Se les presenta una situación pintada calva: Esther, la ricachona-pija que organizaba saraos lesbodivertidos en su mansión, tiene prevista una fiestorra de condición semejante. La discoteca de ambiente donde se producirá el evento es esa noche una deliciosa Babilonia de música a tope y mojitos a tutiplén, servidos por chicas tan guapísimas que aquello parece un desfile de lencería de Victoria Secret (¡guau!).

Por haber hay hasta número de strip tease, tan evocador que se me representó una escena de “Flashdance” en la que Jennifer Beals, en el escenario del antro donde bailaba, remediaba su calor de una manera bastante vigorosa y húmeda.

Tras tantas calenturas, Lara se percata de que los exámenes existen y se pone a estudiar. Debo señalar que utiliza unas técnicas de estudio bastante originales. En mi humilde opinión, incluso paranormales: a mí al menos no me funcionarían para concentrarme, más bien se me iría la cabeza fuera del libro. Pero bueno, si alguien lo ha probado y le sirve, pues adelante. ;)

Sandra vuelve a hacer acto de presencia en la vida de Lara. Intensamente. Será un encuentro importante, no en vano es la mujer que mayor impronta ha dejado en la vida sentimental de nuestra protagonista hasta el momento presente. Su visita sirve también para que Lara se entere de las interpretaciones surrealistas que Goya (sí, la de las “sombras”) ha publicado en su blog del polvo que protagonizaron ambas. Que esta tía estaba loca ya lo intuíamos, pero el grado de delirio dómino-absurdo que ha colonizado su cerebro (despoblado y necesitado de poblamiento, por otra parte) es de traca. En la entrada titulada “La Inmaculata”, la bloguera que se hace llamar “Bollera Satánica” versiona el encuentro trastocando completamente la perspectiva de lo real. Cualquier parecido con lo que Lara experimentó aquella noche y lo que la Bollera Satánica (es decir, Goya) describe, es pura coincidencia. Se trata de una fantasía completa y demencial, prueba del cuidado que hay que tener al andar con ciertos seres totalmente chalados, que todo lo toman como señal de asentimiento. Menudo peligro tiene la tropa.

El rasgo formal más llamativo del libro es el uso permanente y eficaz de los diálogos. Su utilización constante y prolongada le da frescura e inmediatez. Resulta uno de los puntos en que se apoya la sensación de que la narración avanza marcando un compás inevitable de seguir. Según vamos leyendo, sin querer, adoptamos el ritmo más lento o más rápido por donde va transcurriendo la historia.

En el plano argumental son andanzas, sí; pero en realidad también verdaderas aventuras, en el sentido más clásico de la palabra. Quiero decir que Lara no vive episodios aislados, vivencias más o menos divertidas, pero inconexas con su devenir vital. Son aventuras porque de ellas se genera un aprendizaje. Lara está recorriendo un camino de experiencias que, sin ella casi darse cuenta, en realidad la están haciendo madurar. “Las Andanzas de Lara”, desde esta perspectiva, es una novela de crecimiento personal –lo que en algunos ámbitos se denomina una Bildungsroman.

De todo esto tenemos pruebas. En el comienzo del libro Lara está aún en el armario con su familia, con todo lo que ello conlleva (cierta falta de autoaceptación, miedo, inseguridad…). Eso es sólo el comienzo de un proceso en que entiende que algo no le llena, que necesita más. Lara está creciendo como persona y necesita más que noches de juerga o affairs divertidos (o que se esperaban divertidos). Así que de alguna manera hay una ruptura en el devenir de Lara: hay que romper con el pasado para buscar un futuro diferente. Es lo que viene a denominarse “empezar de cero”. Y para eso hay que cambiar muchos rumbos, tal vez realizar alguna ceremonia de rompimiento con lo anterior. Bueno, es lógico, un pequeño ritual no hace mal a nadie; pero Larita es un desastre cuando se trata de que las cosas vayan normalmente…y la lía parda. Hasta aquí puedo leer.

Tras la debacle, que no pienso detallar, Lara realiza examen de conciencia y se da cuenta de que debe buscar el verdadero amor; aunque el verdadero amor no se busca, llega a ti cuando menos te lo esperas: “…él te encontrará a ti”, como le dice una buena amiga. Y cuando eso sucede, cuando el amor llama al timbre, la tarea a realizar es triple: saberlo reconocer, saberlo acoger y saberlo conservar. Hay que esperar de Lara que tenga la madurez y el tino suficientes como para hacerlo y…ser feliz, meta que lógicamente espera alcanzar.

Recapitulando, y como sensación final: la novela tiene encanto; es una narración muy espontánea, entretenida, de lectura ágil y variada en su argumento. Si además consideramos los toques de humor con que se espolvorea la acción de vez en cuando (lo de los orgasmos todos seguidos “como un pasodoble” no tuvo precio), sabremos que tenemos entre las manos un libro que merece la pena leer.

En el prólogo, breve y certero, Paz Quintero nos señala (entre otras muchas cosas) que estamos ante una escritora novel. Bueno, es cierto que sus primeros pinitos los hizo en “Siete Tentaciones”, pero yo creo que ahora con esta novela ya ha tomado la alternativa. Esperamos más buenas faenas. Queda recomendada. Que la disfrutéis…si os apetece.

Edición que cito: GARCÍA ÍÑIGUEZ, R. Las andanzas de Lara. Ed. La Calle. Málaga, 2014.

La verdadera Alex Vause contará su historia en un libro

la verdadera alex vause

Desde que la primera imagen de Orange Is the New Black le llegó a nuestras retinas estamos enamoradas de Alex Vause. La misteriosa mujer que aparentemente transformó la vida de Piper de aburrida colegiala a viajada y alocada delincuente. Y quieras que no, al saber que todos los personajes de la serie son reales, te entra cierta curiosidad por conocer a la persona que inspiró el personaje.

Hace un tiempo pudimos conocer un poquitito mejor a Cleary Wolter (el nombre real detrás de Alex Vause) porque le concedió una entrevista a Vanity Fair, y su versión de los hechos no es exactamente igual que la de Piper (como siempre suele suceder en todas las relaciones), así que a mi me gustó saber qué es lo que tenía que decir. El caso es que, si la curiosidad les puede y quieren saber en profundidad cuál es su punto de vista sobre las cosas, ahora van a poder hacerlo porque Cleary Wolter sacará un libro sobre su vida. Cleary Wolters

El libro se llamará “Out of Orange” y su fecha provisional de salida es mayo del 2015, así que habrá que esperar hasta el año que entra para descubrir que es lo que tiene que aportar a la historia que conocemos hasta ahora. Lo cierto es que la Alex Vause que vemos en la serie puede estar basada en ella, pero al mismo tiempo las dos son muy diferentes y si eso es algo que puedes ver leyendo solo la entrevista de Vanity Fair, supongo que si te lees sus memorias completas lo notarás aún más. No sé yo si quiero tener otra imagen de Alex Vause en estos momentos.

¿Qué me dicen ustedes lesbicanarias? ¿Se les hace interesante conocer la historia real o prefieren quedarse en la ficción que conocemos hasta ahora?

Vía: AfterEllen