
Hace unas cuantas semanas, Jud se aburria porque está de vacaciones y aparentemente no hay suficientes cosas que hacer, así que se le ocurrió que queria pintar la casa. La señorita Genix y yo nos miramos con caras de “ais madre que esta nos pinta media pared se cansa y nos toca a nosotras pintar todo” y eludimos las indirectas durante un tiempo respetable, pero al final terminamos cayendo y le compramos los botes de pintura.
El caso es que efectivamente Jud empezó a pintar y ayudada de sus happy friends que se apuntaron de inmediato empezó con la pintadera de la casa. El problema es que a la señorita Genix le gusta la perfección en cuanto a cosas del hogar así que ellos hacían el grueso del trabajo y luego nosotros teníamos que repasarlo todo y nuestro cuarto por supuesto lo pintamos nosotras porque no permito que nadie se acerque a medio metro de mi colección de consolas y gadgets sin permiso
(na esto último es broma…creo…a medias…ejem si soy geek)
En fin que durante una semana estuvimos moviendo muebles y pintando cuarto por cuarto de color blanco. Eso no hubiera sido tan traumático si no fuera porque antes estaba pintada de tonos salmón, lila, y naranja suave y no saben lo que costó sacar ese color de nuestras sacrosantas paredes. Tuvimos que pintar cada pared por lo menos 3 veces con el consiguiente cansacio y no quiero ni hablar del techo que por alguna extraña y misteriosa razón tendía a descarapelarse cuando intentabas pintarlo.
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