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Bad Girls Resumen de Episodio Retro 1×07 «Jugando con Fuego»

Bad Girls Resumen de Episodio Retro 1×07 «Jugando con Fuego»

plantas39Escrito por: Arcadia:

«Soy de ideas fijas. Vivo en la meseta norte española. Estoy felizmente casada, después de muchos años de vida en común, y que vaya tan felizmente como hasta ahora. Me encanta el cine (sobre todo el clásico), la buena literatura y las historias bien contadas. En el Twituniverse se me conoce como @havingdrink«

Sonriente acude Helen a llevarle un zumito a su novio, que se encuentra (como siempre) manoseando macetas. Nos enteramos que la directora Steward ha implicado al muchacho jardinero en las labores del módulo carcelario que ella gobierna: va a dar una charla sobre cosas de botánica y crianza de vegetales variados. El orador teme –con toda razón- que las presas no sean un auditorio receptivo y, mucho menos, amable. Helen le tranquiliza: para ella son “majas” y no hay más que tratarlas bien para que la conferencia sea un éxito. Él opina que su novia está empezando a verlas casi como hijas suyas, y de paso le lanza un cumplido sobre lo buena madre que sería. En realidad aprovecha para sacar el tema que en el fondo quería tratar: que Helen se comprometa en serio con él, a través de hijos, casamiento, etc. Es decir, le pide matrimonio.

Helen sale por la puerta poniéndose una bonita chaqueta de cuero negra y el novio jardinero la llama. Quiere una respuesta a su petición de casorio y la quiere de ya. Helen le recuerda que él tardó un mes en decidirse a vivir con ella. El galán manifiesta haber cambiado y, como él ahora quiere que las cosas se resuelvan rápido, Helen tiene que decirle enseguidita que se casa con él. Pero Ms Steward aplaza la decisión hasta su vuelta del trabajo, que no es cosa de comprometerse a una boda con prisas y encima llegar tarde al curro. Sean (que así se llama el maromo) queda con la faz contrita.

La amistad de Nikki y Monica (la señora mayor, ¿se acuerdan?) se fortalece, probablemente porque se tienen mutuo respeto. Monica se ha acicalado para acudir a la visita, porque viene a verla su hijo Spencer, que sabemos está aquejado de un síndrome de Down. Nikki no asiste al evento, porque como su novia ha pasado a ser ex, ya no la visita nadie. El encuentro de Monica con Spencer no es muy satisfactorio: las guardianas bordes no colaboran nada en mantener viva la fantasía del muchacho (su madre le ha contado que está en tan feo lugar porque tiene una misión muy importante en el Servicio de Su Majestad la Mismísima Reina, para así justificar su ausencia del hogar y ocultar lo humillante de su situación). Por si fuera poco, Spencer tiene una tos pertinaz y profunda que no es síntoma de buena salud. Así que Monica sale muy deprimida de la visita.

Nikki se pone manos a la obra en una tarea de la que ya tiene amplia experiencia: ejercer de paño de lágrimas. Consuela a la entristecida Monica y la impulsa a que abandone su estado de apatía desalentada y tome las riendas de su propia situación: que llame a su abogado y le presione para que trabaje en su recurso de apelación.

Recordemos un poco ahora el asunto de la supermetida de pata de los guardianes Dominic y Lorna con la pseudofuga de Zandra, la yonqui embarazada. Todo estaba arreglado, porque Dominic acabó contándoselo todo a la jefa bajo la sana influencia de unas cuantas pintas. Ms Steward informó del incidente, les pegó una buena bronca y los perdonó. Pero era tarde, porque Lorna ya había cometido otro nuevo error: llevarle cartas de la reclusa a su novio y (peor aún) pasarle pastillas. Ahora Lorna se siente libre de no ceder al chantaje, puesto que no pesan sobre ella los cargos de la primera falta. Cuando Zandra la llama en privado al wáter de reclusas, le dice que ya no está bajo su poder y que no piensa mantener el suministro drogueril.

Lorna Rose en las garras de las presas chantajistas

Pero la malvada Shell (compinchada con la drogota) escuchaba oculta en el retrete de al lado: ahora es testigo de las nuevas fechorías cometidas por la guardiana. Así que Lorna deberá ceder a la nueva coacción y continuar con el transporte regular de pastillas para las presas chantajistas.

Reunión del pleno de guardianes con la directora Steward. Primer punto del orden del día: llegada de nuevos fondos y en qué invertirlos. Sylvia, la bulldog, propone comprar una nueva alfombra para la sala de oficiales; Helen informa de que la pasta viene para mejorar la vida de las reclusas, no para amueblar clubs privados. La bulldog tuerce el hocico.

Segundo punto: propuesta de traslado de la reclusa Nikki Wade a la sección 3G. A ver, para que nos aclaremos: el nivel “superior” se llama así tanto porque está en el piso de arriba como porque tiene celdas individuales y mayor confort para las residentes. Oposición frontal del troglodita Fenner; Wade es la fiera más pervertida e irredimible que han visto jamás los muros de la prisión. Helen se le engalla porque entiende que la nueva estrategia que ha emprendido con ella está dando sus frutos y que ha mejorado mucho su actitud. Fenner protesta con el apoyo de la bulldog y el silencio de los demás, llegando a amenazar con informar al Big Boss para que impida tamaño desafuero. Entonces sucede lo inesperado: Dominic toma parte activa en la discusión y defiende los progresos de Nikki. Incluso interpela a Lorna pidiéndole su opinión como oficial personal de Wade que es. Lorna, que está con la mente metida en sus líos del chantaje, asiente mecánicamente. Se aprueba la propuesta de traslado. Fenner sale mascullando rabioso. Dominic, que le acompañaba en la salida, le hace frente y le espeta que a fin de cuentas Shell Dockley es muchísimo peor, y que si no se le conocen infracciones es porque “alguien” le chiva información.

La acusación, acompañada de una mirada directa a los ojos de Fenner, deja al malvado guardián en estado de alarmado descoloque.

La que tampoco es muy feliz con la nueva vecina es precisamente Shell Dockley. Cuando ve que Nikki se traslada a celda cercana a la suya, monta en cólera y grita sin pudor que si Wade está allí es porque se está tirando a la directora. ¡Hala, Shell, qué sutil eres! Piensa la ladrona que todas son de la misma condición, y que la manera de conseguir cosas en el trullo es matando a polvos a los guardianes. Hasta la bulldog considera desproporcionadas tales manifestaciones y la manda cerrar el pico.

Poco hace Helen para desmentir los rumores emergentes: enseguida se pasa por la galería superior a ver cómo le va a su reclusa favorita.

Es ver a Nikki, y a Helen se le ilumina el semblante

Nikki está apoyada en la barandilla, mirando hacia abajo a las presas de a pie, categoría de la que acaba de dejar de pertenecer. Absorta está en sus pensamientos sobre los privilegios conseguidos, cuando topa con la mirada de su cada vez más idolatrada directora. Helen advierte (con una sonrisa, eso sí) que las ventajas llevan también deberes adosados. Nikki, medio en cachondeo, promete ser muy buena y rezar sus oraciones antes de acostarse; pero termina por darle las gracias. Ms Steward se aleja, acompañada por la mirada llena de gratitud de la reclusa Wade.

Tengan una cosa muy clara en la mente: Shell Dockley es mala hasta reventar. Para muestra un botón: entró una chica con un look de esos que infunden respeto y precaución.

La nueva chavala y su look

Lleva la moza cubierta media cara con un tatuaje de tela de araña, piercings por aquí y por allá, y mirada de soslayo. ¿Frena eso a la acosadora? No. Tiene a la chica de look siniestro completamente atemorizada, hasta el punto que ya le ha cedido un collar en pago de que la deje en paz.

Acude nuestra Mala a visitar a su nueva vecina. ¿Vendrá para desearle buena estancia? Exacto: no. Viene a provocar. Coge un librito de la mesa, titulado “Great Love Poems”, y la primera pregunta despectiva es si contiene poemas “lesbis” de amor. Nikki comienza a cabrearse pero se frena. Entonces Shell derrama deliberadamente una botella de refresco encima del libro. Nikki salta enfurecida y la coge del gaznate.

Pero se contiene cuando ve que ese es precisamente el objetivo de Dockley: provocarla para que le meta una buena y merecida paliza, y que así acaben por mandarla (como es costumbre) a la celda de castigo por chica agresivo-peleona. Antes de que Shell consiga acabar con la paciencia de Wade, aparece Dominic Mc Allister asomando el morro por la puerta. De sobra se percata el guardián de que allí pasaba algo raro. Shell se va y Dominic subraya que Nikki le debe un gran favor a la gobernadora, recomendando buena conducta y que no “la cague”. Precisamente es eso en lo que Nikki debe esforzarse: en no caer en provocaciones y cagarla del todo, perdiendo el “ascenso” recién conseguido de reclusa de nivel superior.

Helen sale de casa portando a su novio a la prisión. El pobre va cual cristiano a quien van a echar a las fieras del circo. Lo peor es que ese es el ambiente de clase que se va a encontrar.

Resignado, se desplaza hacia el coche como oveja camino del matadero, mientras su novia se va pitorreando del miedo que lleva. Hasta le llega a decir que en caso de que le ataquen hay un timbre para que acudan los guardianes a quitarle a las fieras de encima. Esto, lejos de tranquilizarlo, le pone los nervios más de punta.

Ya en la clase, el muchacho jardinero se entretiene en explicar cosas de tubérculos. Exhibe en sus manos dos bulbos con las raíces colgando de su base. La redondez de los bulbos + el aspecto piloso de las raíces + las ganas de cachondeo y de reventar la clase de Shell = bronca. Nikki escucha con atención porque ella planta cosas en el jardín de la cárcel y le interesa lo de los bulbos, y en especial que si tienen las raíces demasiado largas es que están medio pochos y no van a crecer bien. Así que le molesta que Shell interrumpa cada 10 segundos (aproximadamente) para hacer notar la similitud de los tubérculos con peludos cojoncillos.

Serán redondos y todo eso, pero no me digan que no hay que estar salida para imaginarse unos testículos

Y venga “jijiji”, y toma “jajaja”, hasta que Nikki se harta y manda que se calle. A todo esto, el profe está ya más que nervioso y la clase se le ha ido de las manos. Shell contesta impertinente a Nikki que es lógico que a ella no le interesen las cosas redondas y peludas (se refiere a su condición lésbica, por supuesto). A Nikki se le están inflando sus equivalentes femeninos (léase ovarios), así que aprovecha la oportunidad de que Denn hace una gracieta para irse al baño, y provoca a Shell, diciéndole: “Shell, podrías ir a echarle una mano a Denny. Sería la primera vez, porque normalmente es ella la que te lame el culo a ti”.

Ante el regocijo general, a Shell se le borra la sonrisa y en su lugar queda una mueca de desconcierto rabioso. El profe puede seguir –esta vez en paz- con la disertación.

Sean, entregado a la faena de descubrir los misterios bulbosos

Sean ha pasado la prueba docente gracias a Nikki y al terminar la clase se muestra agradecido con ella. Están ambos conversando amigablemente sobre bulbos, cuando llega la gobernadora Steward. Viene sonriente y le pregunta al profe qué tal ha ido y a Nikki si le ha gustado la clase. Y entonces surge un comentario sobre quién de los dos hace la cena esa noche; a Nikki le cambia el color, se descoloca totalmente. Helen explica que pensó que Sean le había dicho que era su pareja. Para empeorar más las cosas, el noviete declara que va a serlo por poco tiempo, porque acaba de pedirle a Helen matrimonio y ella ha aceptado. ¿Mande? ¿Eso cuando ha sido? O no se nos ha mostrado tal conversación o eres un mentirosillo descarado, jardinero de bulbos. Pero una cosa es cierta: Nikki se ha afectado con la noticia.

Varias peripecias presidiarias más tarde, Nikki está trabajando con las macetas en el cobertizo del jardín. Helen se presenta a verla. No somos las únicas que nos hemos percatado del disgusto de la reclusa al enterarse de la inminente boda de la gobernadora con el de los bulbos.

Helen declara no deberle explicaciones y pregunta por qué tiene que molestarse con la noticia. Asistimos a lo más parecido del mundo a una discusión por celos:

>Helen: ¿Sabes? Por alguna extraña razón parece disgustarte que Sean y yo nos casemos.
Nikki: ¿Extraña razón? ¡Esta sí que es buena!
Helen: Nikki, ¿de qué demonios va esto?
Nikki: ¿De verdad no lo sabes?
Helen: Si lo supiera, no te lo estaría preguntando, ¿no?
Nikki: ¿Quieres saber de qué va esto?….¡Va de esto!

Y entonces, señoras y señoritas, agárrense porque van a flipar: Nikki le coge una mano a Helen y…¡se la lleva a una teta! Y la deja apretada allí, mientras Helen lucha por quitarla de tan mamario y erótico lugar.

La gobernadora se va despavorida cuando por fin logra liberar su mano del pecho de la interna tras un breve forcejeo. Ya a solas, ninguna de las dos consigue concentrarse en sus quehaceres. Helen está nerviosa y descentrada; Nikki llorosa y enrabietada consigo misma porque con su actuación seguro que ha espantado a Helen definitivamente. Por fin, Ms Steward decide coger al toro por los cuernos y pide que le lleven a la reclusa a su presencia.

Nikki entra en el despacho de la directora con la cabeza baja y farfullando disculpas. No está Ms Steward para contemplaciones y pregunta directamente si lo que pretende es hacerla sentir incómoda. Nikki se queda un tanto desubicada porque no creía que su arranque pudiera ser interpretado así. Cuando protesta, Helen replica que ella es muy heterosexual, que se va a casar con el mozo y que si le ha dado un trato especial ha sido por motivos estrictamente profesionales. Pero añade un punto interesante:

>Incluso si me atrayeras, que no es el caso, ¡sería imposible que tuviéramos una relación! Quiero decir, ¡para empezar, me echarían!

Helen se supone muy hetero, pero contempla la posibilidad (hipotética, pero la considera) de una relación, puesto que está pensando en las consecuencias que se producirían. Es decir, en su mente no hay una negación absoluta a tener una relación con una mujer, sino las desventajas que tal hecho tendría para su vida y su carrera. Y para rematar la faena, aconseja a Nikki que se busque otro “foco de atención”, que no pierda el tiempo con ella. Más parece una renuncia a iniciar una relación por las circunstancias desfavorables que la rodean, que una convicción firme de no querer tenerla. Nikki se larga bruscamente y no sabemos quién se ha llevado más disgusto con la conversación, si ella o la propia directora.

Tenemos novedades en el caso Lorna-la-chantajeada y Shell Dockley. La guardiana le pasa regularmente pastillas a Shell para evitar que se chive de todas las tonterías que ha cometido en el ejercicio de su cargo. Pero un buen día Dominic sospecha y decide realizar un registro en su celda. A pesar de los esfuerzos de Lorna, acaba por encontrar una pastilla escondida entre el alpiste del canario de Dockley. Ésta inicia dos estrategias para salvarse del castigo: 1) dice que la droga no es suya y que se la ha metido en la celda su enemiga Nikki Wade; 2) se refugia en su protector Fenner. Pero no contaba con que Jim Fenner no desea que se le involucre en el asunto, que ya bastantes sospechas tiene Dominic de que está compinchado con la presa super-mala. Así que cuando Shell delata a Lorna, Fenner no la cree y la emprende a golpes con su protegida.

Unas cuantas amenazas y mojicones más tarde, Shell decide que mejor cierra el pico. En consecuencia, se le suprimen todos los privilegios y es transferida junto con su canario y demás pertenencias al nivel básico-vulgar. Shell llega a su celda, se carga al pajarito y jura venganza contra todos. Mientras tira de la cadena del inodoro al que arrojó al canario, queda muy claro que la psicopatía de Dockley está de más actualidad que nunca. No podemos esperar de ella más que barbaridades.

El lúgubre estado de ánimo tras la entrevista con Nikki le dura a la gobernadora todo el resto del día. Llega a casa de bastante mal humor y se tira directamente en el sofá. Cuando su prometido entra por la puerta y le recuerda que tenían previsto salir a cenar, Helen se niega. Sean teme haberla presionado demasiado con lo de casarse: dice que la encuentra muy rara y que si quiere pueden postponer los planes de boda. Entonces ella hace un intento desesperado por reafirmarse, asegurando que no quiere prórrogas, sino casarse enseguida. Le toma de la cara y, mirándolo como si quisiera convencerse de que realmente le quiere, le besa con insistencia.

¿Conseguirá ese beso borrar sus dudas y devolverle la paz? Porque Helen vivía tan contenta, con su novio medio tonto adosado a su existencia y sin cuestionarse nada. Ahora esa base sobre la que se sustentaba su vida amorosa y que creía tan firme, parece que se tambalea un poco. Y no hay mayor desconcierto que el que se produce de repente en quien creía tener su corazón bien ordenado, y descubre que al corazón no se le puede gobernar.

Y, sumidas como estamos en el estado emocional de Ms Steward, se nos hizo de noche. Como también se oscureció el cielo que cubre la prisión de Larkhall, en espera del próximo capítulo. Hasta la semana que viene.

Sobre el Autor

Paola Mejia

Editora en jefe y creadora de Lesbicanarias.es. Tengo 11 años analizando con ojo clínico las series, cómics, películas, libros y todo material que contenga un personaje lésbico. Soy periodista de profesión y ¡me encanta contar mis opiniones! Puedes encontrar más sobre mi en mi perfil en Linkedin

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