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Camelot 3000 reseña del cómic

Camelot 3000 reseña del cómic

plantas39Escrito por: Arcadia:

«Soy de ideas fijas. Vivo en la meseta norte española. Estoy felizmente casada, después de muchos años de vida en común, y que vaya tan felizmente como hasta ahora. Me encanta el cine (sobre todo el clásico), la buena literatura y las historias bien contadas. En el Twituniverse se me conoce como @havingdrink«

Estimadas y bellas damas, hoy traigo a vuestra consideración algo muy especial: un cómic de culto. Se trata de “Camelot” 3000, con guión de Mike W. Barr y dibujo de Brian Bolland, que se publicó allá en los lejanos años 80 del pasado siglo y que contiene cierta temática de nuestro interés (lógico, si no, no lo comentaría aquí).

El guión resulta interesante y el dibujo sencillamente excepcional. Es un cómic de primera fila, todo un clásico. Merece la pena disfrutarlo, aunque no tuviera historia lesbicanaria incluida (que sí, repito, la tiene).

Camelot 3000

La trama se resume en lo siguiente: en el año 3000 la Tierra sufre una invasión alienígena (de esas invasiones de toda la vida, las que hay de vez en cuando en el cine, la TV o los cómics y que son de lagartos, seres con antenas o bichos de cualquier otra especie rarita). Pues bien, la invasión es muy peligrosísima y, como siempre, la Tierra no está preparada para hacerle frente; más que nada porque entonces también la gobiernan políticos inútiles. Menos mal que, un buen día, un inexperto muchacho llamado Tom se da de bruces contra una cripta que contiene –ni más ni menos- los restos inmortales del mismísimo Rey Arturo. El antiguo monarca resucita (como no podía ser de otro modo) y se pone manos a la obra para librar a nuestro querido y azul planeta de la mencionada invasión devastadora.

Llama a Merlín porque siempre es bueno contar con un mago competente para empezar las tareas de reconquista y entre los tres (el rey, el brujo y el espontáneo) inician la búsqueda del resto de los caballeros de la Mesa Redonda y de la Reina Ginebra (porque sin ella, no se puede organizar el follón de los cuernos con Sir Lancelot y parece que sin cornamenta quedan muy flojas las historias de amor). La dinámica es la siguiente: los caballeros no saben que lo son, viven en cuerpos y mentes del año 3000 y hay que “despertarles” la conciencia. Cuando te encuentras con un caballero, le muestras un colgante con la espada Excalibur en pequeñito, el/a tipo/a lo ve, se le ilumina el cerebro y autorreconoce su verdadera identidad.

Eso pasa con el asunto que nos interesa. En una iglesia futurista se está celebrando una boda (de las heteros, porque parece que en año 3000 todavía no han conseguido que se legalice el matrimonio igualitario; menos mal que esto es puro cuento porque si no, me entraría la depresión ahorita mismo). La novia, llamada Amber, mira con arrobo embobado al galán y en el momento en que va a dar el “Sí”, se cruza en su mirada el colgantito de Excalibur y la chica muta el gesto. Deja plantado al novio en el altar porque su destino pide otro tipo de marcha: la chica es, ni más ni menos que SIR TRISTAN. Hala, casi nada. ¿Qué, cómo se os ha quedado el cuerpo?

Descubrimiento Tristan

Amber cambia de look y personalidad

La chica, obviamente, decide no casarse con el apuesto mozo. Su destino es muy otro y no habrá boda. Así de enérgica se nos pone la muchacha, anunciando su NO enlace conyugal:

Tristan no boda

A partir de ahí comienza el calvario del caballero, que no puede compaginar su condición de chica con el machismo que la invade. Para Sir Tristan, no ser un hombre, sino una mujer, es lo peor que le puede caer a una persona humana. Añora su fuerza masculina, su cuerpo masculino, sus cosas masculinas en general…, y el problema no para de agravarse hasta que explota del todo cuando aparece Isolda.

Aparece Isolda

Isolda es una guapa muchacha que, dotada de más cerebro que el objeto de su amor, pasa totalmente de que Tristan sea mujer en vez de macho. A ella se la refanfinfla por completo tal pequeño detalle: sigue enamorada de Tristan y ya está. Pero el caballero que no acepta ser dama sigue en su empecinamiento de considerar su género actual como la mayor de las desgracias. Isolda se amarga pensando que cuando no son unas cosas son otras, pero que al final su amor acaba por ser siempre imposible, ya sea en otro tiempo, lugar o dimensión. Lo más triste de todo – y así lo piensa ella- es que en esa ocasión el lío está montado por una chorrada: nada que ver con el drama trágico que separa a los amantes en la historia medieval original.

Lo gracioso del caso es que sólo es Sir Tristan quien le pone pegas al asunto: hasta el portero de la casa de Isolda da por sentado que las chicas están juntas y que tienen sus noches de “esparcimiento”.

Tristan e Isolda

Sir Tristan llega a tal grado de agilipollamiento que está a punto de traicionar a la Tabla Redonda porque la mala-malísima bruja Morgana le ofrece cambiarle el sexo a cambio de que la ayude a destruir la misión.

En ello está la Dama Boba (como diría Lope de de Vega), pero la pillan antes de que consume la faena. Como es la sospechosa principal, la obligan a jurar mientras sostiene a Excalibur porque todo el mundo debe saber que si coges la espada y mientes, te achicharras en el acto. Sir Tristan pasa la prueba y queda tan arrepentida que no se le vuelve a ocurrir pedirle a la bruja el cambio de sexo bajo ninguna circunstancia.

A partir de ese momento, Sir Tristan es leal caballera aunque siga en su pesadez de querer ser un tío, como antaño lo fue. Pero poco a poco Isolda le va metiendo en la cabeza que ser chica no es óbice para mantener con ella una relación amorosa (y sexual, que todo va en el mismo lote claramente). Así que cuando toda la guerra termina –ganan los arturos, no se preocupen, que el planeta sale de la crisis-, Tristan acaba convenciéndose de que, mujer o no, lo importante es estar con Isolda y dejarse de marear la perdiz. Pero le cuesta, le cuesta mucho: la muy tontorrona no se cree capaz de hacer el amor con su novia, porque considera que no puede ofrecerle un “amor de hombre”, que considera de entidad superior al que puede dar una mujer, por lo visto. ¿Es tonta o no es tonta?

Tristan e Isolda Rechazo

¡Tristan, hija, pero mira que tienes al lado a tu novia toda emocionada, que la vas a defraudar!. ¡Espabila ya!

La bella y mucho más inteligente Isolda, por su parte, aclara que la quiere a ella, no a un hombre, animal o cosa, sino a ELLA. Punto. Y prepara un romántico contexto (cama con pétalos de rosa, ¡Ainsss!) en el que finalmente ambas consuman su amor en felicidad completa.

Tristan e Isolda cama

Sólo queda decir que ambas comieron perdices (también se zamparon esa a la que tanto mareaba Lady Tristan) y colorín, colorado, este cuento lésbico se ha acabado.

Sobre el Autor

Paola Mejia

Editora en jefe y creadora de Lesbicanarias.es. Tengo 11 años analizando con ojo clínico las series, cómics, películas, libros y todo material que contenga un personaje lésbico. Soy periodista de profesión y ¡me encanta contar mis opiniones! Puedes encontrar más sobre mi en mi perfil en Linkedin

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