
Escrito por: Yovanu
Escribo desde Buenos Aires, Argentina, no es lo más al sur que se puede estar, pero casi, así que si bien geográficamente tengo una visión austral del mundo,mi imaginación no conoce fronteras.
Me gusta encontrar belleza en lo extraordinario y lo cotidiano, lo grandioso y lo pequeño, así que no es raro verme con una cámara de fotos de aquí para allá captando todo aquello que ven mis ojos y más, en especial lo imperceptible.
Este capítulo comienza con Kim feliz, radiante, enamorada de Sugar y de la vida, nada puede contra ella, luego del beso con su amiga nada puede empañar su felicidad y obviamente la del futuro perfecto de amor que supone le espera.
Porque para nuestra adorable pelirroja, ese beso tiene que haber marcado un antes y un después no sólo en su vida, sino también en la vida de su amiga. ¿Qué importa que no fuera un beso que surgió del deseo común? Un beso es un beso, y en este caso mucho mejor que los que había imaginado.
Con esas ganas de vivir, esa alegría exultante, ese amor que se le escapa por los poros, nuestra Kim decide hacer frente al día que comienza. Ni su familia desastrosa, ni su vecino acosador pueden arruinar su estado de felicidad absoluta. Por supuesto, nuestra Kim está convencida que así como ese beso dio vuelta su mundo, de igual manera el de Sugar. Pero claro, el amor nos impide ver la realidad, vemos soleadas las frías mañanas de invierno, más coloridas las flores y más buenas a las personas, incluso se nos borra de nuestras cabecitas que algunas personas no cambian nunca. Bueno, así está Kim. Enamorada.
Y en ese estado se dirige a casa de Sugar suponiendo encontrarla igual que ella, pero claro, mientras más cerca está una del estado de nirvana, más duro es el golpe al caer en la triste realidad. A Sugar ese beso no le importó en absoluto, no tuvo mayor trascendencia que la de querer satisfacer el deseo de Guillaume. Por eso, cuando llega a su casa, la encuentra preparando las maletas para irse a París.



