El mes pasado, la señorita Genix me pidió que bajara a ayudarla con la compra como hace siempre que aprovecha que sale del trabajo para traer lo que nos hace falta. Yo, por supuesto, baje a ayudarla y una vez en el coche a la mujer le dio por querer limpiar el agujerito del que sale el agua para los wipers (limpiaparabrisas) porque según ella no le salía agua. Y la mujer buscando por todo el coche una aguja y yo: «mañana por la mañana bajas una y lo haces» porque ¿quién trae una aguja en el coche? Claro que conociendo lo previsora que es igual y si traía una, pero igual yo no entendía la prisa para arreglar eso en ese mismo instante.
El caso es que después de diez minutos se dio por vencida y por fin subimos a casa con la compra. Y ahí vamos las dos de chachara por el camino a casa sobre las cosas del día. El caso es que llegamos a casa y me pidió que me adelantara a llevar las cosas a la cocina. Y yo que voy caminando más feliz que una lombriz y en cuanto entro me topo con una lluvia de confeti en mi cara.
Miré hacia el frente y me tope con Judith y alguien más con máscaras y globos y un montón de cosas. Y yo ¿ein? no es mi cumpleaños, ¿se me olvido nuestro aniversario? ¿qué hace Judith con su amiga? Todo esto en un lapsus de cinco segundos. Y de repente que presto más atención y ¡era mi hermana! había venido un par de días a Las Palmas de sorpresa y Juka y la señorita Genix estaban en el ajo de prepararme la sorpresa.




