Escrito por: Genix
Isleña de nacimiento, desperté en este planeta en las Islas Canarias. Pese al amor al mar, a días soleados tumbada en la arena y noches cálidas paseando por la orilla, siento que pertenezco al país más grande del mundo: la humanidad. Me encanta el mar y aislarme del mundo escribiendo hasta meterme en mis propios relatos generando realidades emocionales que hagan mover mis propios cimientos. En definitiva, amo respirar y ser consciente de ello cada vez que lo hago.
Esta noche saco mi mundo solitario hacia la multitud. Mis sueños de quien no era yo y mis pasos calle abajo me llevaron hasta aquí. La música suena tan fuerte que hasta dificulta pensar. Me adentro confiada de que en ese lugar jamás habría nada que me hiciera ganar la noche que deseaba perder y eso quería.
Sostengo mi vaso medio vacío igual que mi mirada hacia ninguna parte porque no hay nada más importante qué hacer. No escucho ni el latir de mi propio corazón, no lo distingo en aquel submundo de mundos. Pierdo cada vez más mi poca razón en medio de cada nota de aquel sonido indefinible, de murmullos, bajos y humo. Y de repente en medio de la espesa cortina de vidas, vi una luz familiar que me hizo perder la visión del ambiente
Cuando la vi….sus gestos, sus ojos, su sonrisa en medio de la multitud, con sus facciones relajadas… no como las de ayer, cuando trataba de exponer su proyecto independiente ante medio departamento de ventas, dudé que fuera la noche ideal para perderse una perdida.




