Imagen por: Jaci Berkopec
Hace aproximadamente 10 años, estaba yo en casa de mi abuela en un clásico sábado de reunión familiar. Me lo estaba pasando bomba, me encantan los sábados en casa de mi abuela (ahora los añoro un montón). En fin que ese sábado estaba platicando con una de mis primas que me dijo: «Oye pao, tu que eres la friki de los ordenadores ¿me ayudas a mandar un email?» Yo no entendí lo de «friki de los ordenadores» hay que ver con que ligereza le ponen nombres a una (la verdad si soy un poco friki).
En fin que ambas nos dirigimos hasta el café internet de la esquina de la casa de mi abuela y una vez ahí rentamos un compu y me puse manos a la obra. Le rellene todos los datos (hoy me hace gracia porque ahora todo el mundo sabe como mandar uno) y me giré a otro lado para dejarle privacidad para escribir.
Me estaba aburriendo como una ostra porque más que un email mi prima estaba escribiendo una novela del tamaño del Quijote, cuando me puse a mirar las pantallas de la demás gente (sip, es de muy mala educación pero me aburría). Un chico tenía puesto un videojuego, otro estaba chateando, alguien estaba visitando una web y de repente mis ojitos se posaron en una chica que estaba imprimiendo unas fotos.
Me emocione muchísimo, ¡estaba imprimiendo fotos de Xena!, había alguien más en este lugar recóndito del mundo al que también le gustaba Xena. Antes de decidirme a actuar volví a ver las imágenes, no fuera a ser que mi desbordada imaginación me jugara una pasada (no sería la primera vez) y una vez segura de que efectivamente, ahí había una foto de Xena y otra de Gabrielle en plan ángel (quinta temporada) decidí acercarme y la cosa fluyo más o menos así:
