
Señoras, tengo claro que a mí me hace daño ver Anatomía de Grey, se los juro, lo mío no es normal. Si el año pasado me tenían por la calle de la amargura meditando si quería un bebé en mi vida este año ha tocado reflexionar sobre ser la tercera madre en discordia. Porque puede que ninguna de ustedes lo sospechara señoras pero tengo que confesar que no soy el «padre biológico de Jud» :P.
Mi historia es en muchas ocasiones diametralmente opuesta a la de Callie y Arizona, y en otras tan parecida que me puede dar hasta un poco de risa. Verán cuando yo conocí a la señorita Genix, ella y su ex tenian cuatro años de haberse separado, pero aun eran amigos (de hecho él fue el padrino de nuestra boda). Eso para mí nunca fue demasiado problema, quizá porque estoy completamente loca, pero lo cierto es que nunca he sido demasiado celosa, y tengo completa confianza en ella desde el principio. Nunca me dio miedo esa parte, si ella no quisiera estar conmigo estaría con alguien más, al menos eso es lo que siempre he pensado.
Pero ¿saben qué sí me dio pánico? Descubrir que tenía una hija, porque veran, a los 19 años yo sabía que algún día quería ser mamá. Y ese algún me sonaba terriblemente lejano, tan lejano que jamás había meditado sobre el asunto de manera real. Me había hecho ilusiones y había fantaseado con ello, pero no lo había solidificado como un plan real en mi vida.

