Maca y Esther se nos volvieron a ir de vacaciones la semana pasada, por lo que nada de reseñar hubo en el capítulo anterior. Ya de vuelta, Esther sigue en modo quejoso-quejica protestando por el poco tiempo que dedica su cónyuge a las cosas que a ella le hacen ilusión: temas de cuentos, literaturas infantiles, presentaciones de relatos cortos para críos y todo ese millón de cosas que la atarean.
Por contra, Maca sigue pendiente de las particiones hereditarias, a fin de cobrar lo que le toque de los bienes de su finado papá. Aparte de estas gestiones sucesorias, Maca trabaja en el hospital y, como Jefa de Servicio que es, le toca lidiar con las chulerías del médico-estrella: Vilches. Él dice que se va a media mañana, que no sabe cuándo vuelve y ni tan siquiera si va a volver, y todo el mundo a callar y a consentirle las gracias, que para eso es el Gran Vilches. Maca tuerce el gesto, a punto de explotar y soltarle cuatro verdades, pero se cruza Sotomayor quitándole importancia al asunto y el infractor escapa sin bronca ni castigo.