Sigo dándole duro al work para intentar ponerme al día con todo lo que ha pasado entre Callie y Arizona en estas semanas en las que estuvimos de vacaciones voluntariamente a fuerzas. Y este episodio señoras les va a gustar, yo sé que sí porque a mi me ha encantado. Es más, les doy un pequeñísimo adelanto: ¡Arizona nos regala una sonrisa! Creí que jamás volvería a verlo. Pero no me adelanto, vamos paso a paso que estás cosas ya saben que tenemos que analizarlas al máximo.
Empezamos el episodio con Bailey y Callie entrando juntas al hospital. La primera le pregunta a la morenaza como va todo con el lio de abogados que se traen con lo del accidente, pero ella no puede responder porque le han hecho jurar mantener silencio. Mal asunto, la pobre mujer no puede platicar ni con los compis.
Luego Miranda, así le decimos las amigas, procede a por el otro tema escabroso, osease Arizona y obtiene la misma respuesta porque al parecer la patinadora también le ha prohibido a Callie mencionarla en el hospital. Pobre mujer, la tienen limitada. Igual, como la ortopedista confía mucho en Bailey termina contándole que nuestra chica ya está caminando, y que ella intenta echarle porras pero la rubia se lo toma como que la presiona. Mal asunto, la pobre Callie no tiene ni por donde moverse, si ayuda mal, si no ayuda también mal. Igual se lo toma lo mejor que puede.





