La semana pasada terminamos de ver Anatomía de Grey con una sonrisa del tamaño del universo. Callie y Arizona prácticamente renovaron sus votos y nosotras pudimos verlos en vivo y en directo… bueno… ustedes me entienden. El caso es que el barco CalZona volvió a aguas tranquilas y la tormenta parece haber pasado. ¿Nos durará la alegría? Yo en todo caso chicas, les recomiendo que se preparen, porque presiento que el día de hoy voy a escribir más o menos una biblia respecto a este episodio. ¡Lo veo venir! No digan luego que no las advertí. ¡Síganme las buenas!
Nuestro episodio comienza con Arizona despertando y dándose cuenta de que Sofia ha estado jugando con su pierna y la ha dejado junto a su vasito de zumo. Las que tienen hijos o sobrinos, a estas alturas ya sabrán lo que significa, básicamente su pierna está empapada en zumo de manzana, así que cuando Callie entra en el cuarto, se la topa intentando secar la prótesis con el secador porque como tiene dentro un microprocesador no quiere que termine quemado.
Arizona le dice a su chica que siempre le ha dicho a Sofia que no juegue con su pierna, pero Callie le recuerda amablemente que de hecho jamás le ha soltado esas palabras a la peque. Lo que me hizo mucha gracia porque es TAN ARIZONA, al menos esa patinadora que conocíamos y que jugaba con los niños ¿Se acuerdan? Me imagino perfectamente a Sofia usando su pierna de bastón, de palo de golf, o de arma interespacial con Arizona muerta de la risa.
Pero hablando de patines, Callie trae en una caja los famosos Heelys por los que Arizona se ganó el famoso mote de «Patinadora». ¡Aun existen chicas! La morenaza se los encontró en una de las cajas que han embalado y viene a preguntarle a su chica donde quiere que se los guarde, pero este episodio se llama: «Tirar todo por la borda» y el tema son las cosas que tenemos que dejar en el camino para encontrarnos a nosotros mismos, así que Arizona decide que los patines se van a la basura.



