
Escrito por: Caro
«Escribo desde el sur de España, más concretamente desde Sevilla, tengo 25 años. Soy una soñadora pero vivo despierta, un parte de mi mente vive aquí y la otra en lugares más lejanos y aunque mis ojos ven lo cercano, también, en ocasiones, ven más allá de las estrellas.»

Este capítulo comienza en un lugar en el que todos hemos estado alguna que otra vez en nuestros años de instituto, en el despacho del director. El afortunado en estar en ese lugar no es otro que Archibald, aunque él tiene el aliciente, o no, de que el director del instituto es su padre.
Comienzan a hablar sobre los dibujos que hizo en el que aparecía Elizabeth, los que ya comentamos hace un par de capítulos. Y a pesar de que su profesora de dibujo dice que hizo un buen trabajo, su padre no está del todo contento y le pregunta qué es lo que piensa Elizabeth de tales dibujos y le dice que piensa que ella debería sumarse también a esa charla que está teniendo lugar en esos momentos, pero Archibald le dice que no tiene caso, que solo la dibujo.
El director cambia radicalmente el tema y sale a la luz el verdadero asunto que quiere tratar, y le comenta a su hijo que el pasillo del instituto se ha convertido en una autentica farmacia, entonces como buen chico que es le dice que él no tiene idea de eso, pero su padre le dice que ya es hora que la tenga, que las drogas es un asunto muy serio, que sabe que su hijo se preocupa por su futuro y debería ayudarlo a conseguir a conseguir que el instituto sea un lugar limpio y respetado y, que no solo se estará ayudando a si mismo sino también a todos sus compañeros.


