Escrito por: Caro
«Escribo desde el sur de España, más concretamente desde Sevilla, tengo 25 años. Soy una soñadora pero vivo despierta, un parte de mi mente vive aquí y la otra en lugares más lejanos y aunque mis ojos ven lo cercano, también, en ocasiones, ven más allá de las estrellas.»
En el último capítulo vimos a Aster y Vivian que siguen felices como perdices, mientras intentamos averiguar qué es lo que le sucede a Sophie, nuestra ricitos, que se comporta de una manera un tanto extraña.
Comenzamos con una Vivian en ese maravilloso lugar conocido terrenalmente como instituto, debatiéndose entre unas clases de ese instrumento de viento-metal tan fantástico como es la tuba o entrega de comidas a un hombre tranquilo y respetable de 50 años, a lo que a modo personal añade como el también conocido asesino de las hermanas. Vivian está tan emocionada como lo podríamos estar nosotras ante ese panorama y piensa lo que todas, que no son las mejores opciones, y así se lo hace saber a su novia al otro lado del teléfono, la que le cuelga en plan misterioso porque tiene que ir a un lugar.
No tardamos mucho en averiguar de qué trata ese misterio, ya que la encontramos en una consulta con una terapeuta. Se encuentran frente a frente sin hablar, no parece que Aster tenga muchas ganas de estar allí en ese momento y así es, porque fueron sus padres los que decidieron que fuera, porque están en pleno proceso de separación.




