Escrito por: Arcadia:
«Soy de ideas fijas. Vivo en la meseta norte española. Llegaré muy pronto a la cuarentena, así que me voy resignando. Estoy felizmente casada, después de muchos años de vida en común, y que vaya tan felizmente como hasta ahora. Me encanta el cine (sobre todo el clásico), la buena literatura y las historias bien contadas.»
El servicio metereológico de Lesbicanarias informa de que la semana pasada una pertinaz, angustiosa y devoradora sequía de Maca y Esther asoló completamente (y planta por planta) Hospital Central. O sea, que no pasó nada con nuestras chicas. Debido a esta trágica circunstancia, no tuvimos la cita semanal acostumbrada y ustedes (con toda razón) me pusieron falta.
Sólo sabemos de lo acaecido hasta el comienzo de este episodio presente que Maca se fue a Jerez a esparcir las cenizas paternas y de paso a aguantar estoicamente a la borde de su madre. Nuestra pediatra ha equivocado las fechas: ha vivido penitencias de Semana Santa en vez de disfrutar de la Navidad.

Su cargante progenitora acude a revisión acompañada de su hija. Lo primero que ve Maca cuando asoma por el recibidor del hospital es a su amada Esthercita. La cara se le ilumina y besa a su mujer con la lógica alegría que marca el acontecimiento. El beso es normal: en boca y morros. Pero la suegra no lo ve así y, si antes se molestaba en disimular su repugnancia, ahora ni se preocupa por parecer una persona razonable. Emite un gesto de asco y disgusto que exaspera a todo espíritu no embotado por la intolerancia y la estupidez.



