Escrito por: Arcadia:
«Soy de ideas fijas. Vivo en la meseta norte española. Llegaré muy pronto a la cuarentena, así que me voy resignando. Estoy felizmente casada, después de muchos años de vida en común, y que vaya tan felizmente como hasta ahora. Me encanta el cine (sobre todo el clásico), la buena literatura y las historias bien contadas.»
Amanece un nuevo y atareado día en el hospital. La primera novedad es la incorporación de un nuevo residente (Dani), que llega como todo el mundo el primer día de trabajo (más perdido que un burro en un garaje). En un papelito lleva anotado ante quién ha de presentarse, misión que resulta imposible porque Sotomayor hoy no está y Maca anda ocupada con el tema del trasplante de su mamá.

Así que Teresa se lo encasqueta a Waldo, a quien le va a tocar hacerle de lazarillo todo el santo día. Esther tiene el día enérgico y va dando órdenes a diestro y siniestro para liberar un montón de camas que tiene que liberar. Y entonces sucede algo que me ha encantado: Dani comenta lo autoritaria que parece Esther y Waldo dice sin inmutarse: “Pues espera a conocer a su esposa, la Jefa de Urgencias”. Sólo le falta terminar la frase y soltar: “Son las dos iguales, a cuál más mandona”. Lo mejor es que el novato residente no hace ni el más mínimo gesto de sorpresa, extrañeza o pasmo ante la noticia (tampoco hubiera pasado nada: acaba de llegar, le sueltan que las Jefas de Enfermería y Urgencias están casadas entre sí y lógicamente el chico podría haber dado un pequeño respingo). Ah, que bonito sería que el mundo fuera como este hospital en el que cosas como ésta ni siquiera son una novedad y/o noticia.



