Hoy es día del Orgullo LGBT y toca celebrarlo por todo lo alto pero ¿Qué estamos celebrando? ¿por qué hay un día del orgullo gay y no hay uno del orgullo hetero? ¿Qué necesidad hay de exponernos bailando y divirtiéndonos ante el mundo?
Hace unos cuantos añitos cuando me reconocí como lesbiana por primera vez tengo que admitir que eso del «Orgullo Gay» me asustaba y no me gustaba en lo más mínimo. Pensaba que no iba para nada con lo que era yo, una chica más bien tranquilita y para que negarlo más dentro del armario que fuera. Así que cuando veía las manifestaciones lo que pensaba era algo como: «¿Por qué se comportan así? ¿No ven que la gente piensa que todos somos unos locos?».
Con el tiempo mi visión sobre el asunto ha cambiado muchísimo. Sobre todo porque he pensado que es muy fácil querer que los demás den ejemplo por nosotros pero muy difícil animarnos dar ejemplo nosotras mismas.
Yo antes quería que alguien más se comportara como soy porque tenía miedo de ser yo quien lo hiciera por mi misma. Y cuando juzgaba a la gente divirtiéndose lo hacía en base a los prejuicios que llevaba cargando toda una vida sobre la gente homosexual porque también veía todos los años los desfiles de carnaval en los que pasaba prácticamente lo mismo pero ahí no encontraba yo pecado alguno.
Pero quizá lo que más cambió mi forma de ver las cosas es descubrir la historia detrás del día del orgullo gay porque detrás de la fiesta hay toda una leyenda que cuenta la historia de un montón de gente sin nombre que por primera vez plantó cara, gente que plantó la semilla para que el día de hoy podamos disfrutar de todo lo que tenemos.

