Muchas lectoras de mi blog están, como yo, totalmente fuera del armario, otras se encuentran en esa etapa que bien podría convertirse en un estado permanente al que yo llamo de semi-visibilidad y muchas otras están totalmente dentro del armario. Yo misma he vivido casi diez años en estado de semi-visibilidad y ahora, que estoy fuera, puedo comparar los beneficios y los inconvenientes de haber tomado cada una de estas decisiones.
¿Cómo definiríamos ese estado de semi-visibilidad? Una buena manera me parece la siguiente: ser semi-visible es estar fuera del armario EXCEPTO en aquellas áreas donde sabemos o sospechamos que seríamos discriminadas por expresar públicamente nuestra sexualidad o donde podríamos ser víctimas de ataques homófobos. Esa área puede ser diferente para cada una de nosotras, en mi caso, fue durante mucho tiempo: mi trabajo. Para otras, de profesiones más tolerantes el núcleo más homófobo podría llegar a ser, paradójicamente, la propia familia.
Ese ocultamiento de nuestra orientación sexual, sea cual fuere el campo de nuestras actividades donde decidimos no mostrarnos como lesbianas, nos da una cierta sensación de seguridad, de estar protegidas. Y con ese convencimiento vivimos nuestra vida a caballo entre un mundo totalmente libre, y otro donde tenemos que fingir ser lo que no somos, o al menos no ser lo que en verdad somos.
Pero, ¿qué hay más allá de nuestro convencimiento?

