Este post forma parte de Yo Lesbicanaria un espacio en el que invito a otras chicas lesbianas y bisexuales a quienes admiro a escribir un post como invitadas en el blog para mostrar lo diferentes que somos y que existimos lesbianas de todos los tipos. Así que denle la bienvenida a Butterflied

Let me tell you the story… ¡Uy, uy! Perdón. Es que de tanto ver películas con ligero subtexto lésbico en sueco con subtítulos en inglés, ya no sabe una ni en qué idioma pensar. Empiezo de nuevo. Dejad que os cuente la historia sobre cómo ser lesbiana me cambió la vida:
Yo fui una alumna brillante desde que entré en el colegio, la típica a la que todos los profesores adoran, la que nunca suspendía y a la que un día le dijeron que era “superdotada”. Me ofrecieron en dos ocasiones adelantarme de curso para estar a un nivel más acorde con mis capacidades pero siempre les agradeceré a mis padres que rechazasen la primera oferta y a mí misma rechazar la segunda, porque si no ahora no sería quién soy ni conocería a la gente que conozco.
Nunca me consideré una chica guapa y cuando las hormonas hicieron acto de presencia y el acné y los kilos de más decidieron hacerme la vida un poquito más difícil, aún menos. Pero bueno, yo estaba muy centrada en sacar buenas notas, en leer todo lo que pasaba por mis manos, en ver cine y documentales y no me interesaban las relaciones amorosas… Hasta que apareció ELLA. Con mayúsculas.
Rubia, bronceada, con las curvas justo donde las tenía que tener… Inteligente, mayor que yo, lo que la hacía superinteresante a la vez que inalcanzable, con un puntito borde que me volvía loca… Al principio no sentí nada especial ni diferente, pero llegó un día en el que me tuve que sentar a tener una charla conmigo misma (¿loca yo?) y decirme: “Stella, aquí está pasando algo.” Porque no era normal que la echase de menos cuando pasaba mucho tiempo sin verla. Que se me acelerase el corazón cuando la tenía cerca, que me inventase cualquier tontería porque me hiciese un poco de caso. “Lo disfrazan de amistad…” decía la famosa canción de Mecano que, como buenas bolleras que sois, debéis conocer. Y en mi caso lo disfracé de admiración a pesar de que la atracción sexual que llegué a sentir por ella se me hizo a veces insoportable.