En una paradisíaca isla diminuta y preciosa denominada Moon, perteneciente al archipiélago de las Cook (Océano Pacífico), sólo se aceptan mujeres. La propietaria de la isla, Annabel Worth, vive allí con su pareja, llamada Cody. El negocio que tienen ambas montado consiste en ofrecer Moon como destino turístico para las chicas que quieran animarse a pasar unos días entre playas, frondas selváticas y demás Naturaleza salvaje.
No es la primera vez que ha pasado allí las vacaciones, pero Dawn Beaumont en esta ocasión tiene que acudir casi por fuerza. Ella, toda una nadadora de élite, ha sufrido un accidente de tráfico terrible y se encuentra completamente en dique seco. Lo que más le conviene es alejarse de sus sobreprotectores padres y pasar el trauma en un lugar agradable y relajante. No sin rezongar un montón (porque es muy rezongona), acepta los sabios consejos de una prima suya muy razonable y termina yéndose a Moon unas semanas a tumbarse al sol y a pasar de todo.
Dawn está cabreada y deprimida porque ella tuvo la culpa del accidente (en el que, dicho sea de paso, se mató una compañera que viajaba a su lado), porque ha quedado con las piernas hechas cisco y puede irse olvidando de su carrera olímpica natatoria y…porque va a una isla regentada por una pareja de lesbianas y eso a ella le da mucho asquito. Sí, señoras, es homófoba perdida.
Tiene la cabeza llena de los prejuicios más típicos y tópicos que puedan encontrarse en la Enciclopedia de la Tontería sobre Cuestiones Lésbicas (ETCL). Valga el siguiente apunte como botón de muestra:




