En aquellos tiempos en los que fui adolescente me empezaron a encantar mis uñas. Es una cosa que no puedo explicar, simplemente me encanta dejármelas crecer, arreglármelas, pintármelas, etc. En esos momentos yo pensaba que era heterosexual así que no tenía ningún problema con ellas, más bien le gustaban a todo el mundo.
Luego conocí a la señorita Genix y las uñas jamás fueron un tema de conversación para otra cosa que no fuera compartir tips para hacer mejor la manicura francesa, así que seguí viviendo la vida loca con mis uñas como si nada. Entonces un día (y algunas ya habrán leído esta historia porque creo que la conté aquí alguna vez) vine de vacaciones a Canarias (entonces yo no vivía en España) y la señorita Genix me presentó a una amiga suya y su primera reacción fue tomarme de las manos, mirarme las uñas y preguntar: ¿y ustedes cómo demonios lo hacen con esas uñas?
Ahora me da mucha risa pensar en ello (sobre todo porque después de todos estos años seguimos siendo amigas y yo siempre le digo que esa fue una presentación a lo bruto), pero en ese momento quería que la tierra me tragara. El caso es que esa fue la primera vez que conviví con la idea de que muchas lesbianas no se llevan bien con las uñas y a lo largo de los años me he topado más y más con lesbianas que odian las uñas largas. De hecho, hace no muchos meses alguien me ha dicho que no soy una lesbiana verdadera por tener uñas largas.
Por eso señoras, hoy he decidido hablarles de uñas y lesbianas. Me temo que el tópico de mirarle las manos a una chica para saber si es lesbiana puede fallar porque hay lesbianas con uñas largas. Y por si la duda las corroe tanto como a mi amiga, sí es perfectamente posible tener sexo lésbico genial.