Hace ya unos inviernos, cuando yo tenía 16 años, se estrenó un anime en la televisión mexicana que se llamaba Sailor Moon. Yo a esas alturas pensaba que ya pasaba de las caricaturas, pero después de ver un par de capítulos me quedé irremediablemente enganchada, bueno, puede que lo de enganchada sea una subestimación de proporciones titánicas. Digamos que tenía en casa todos los capítulos de la serie, posters, tarjetas, los soundtracks (y lo que es peor me sabía las canciones en japones) y aún ahora les puedo recitar la canción de introducción en español de memoria.
Y sin saberlo, Sailor Moon sería también una de las primeras veces que podría encontrarme con una pareja lésbica mostrada desde un punto de vista extremadamente positivo. Todo sucedió cuando entró en pantalla un hombre guapísimo. Resulta que todas las chicas bebían los vientos por Mamoru el novio de Usagi pero a mi Mamoru me parecía como su nombre 😛 algo mamón. Me caía super mal. En fin, luego lo dicho, de repente aparece un chico guapo y rubio (para ser personaje de caricatura) y mi entonces hetero yo quedó enamorada de Haruka Ten’oh al igual que Minako y las dos nos llevamos la sorpresa del siglo cuando descubrimos que era una chica.
