El sábado pasado se cumplieron 10 años del estreno de «The L Word» y estamos celebrándolo como se lo merece, hablando de la serie y de todo aquello que la ha rodeado en este tiempo. Yo les conté seis cosas que aprendí al verla, y hemos hecho un repaso a dónde están sus protagonistas después de todos estos años, pero The L Word fue muy importante para la comunidad lésbica y creo que la forma más bonita de descubrir la razón es preguntarle a otras chicas lesbianas cómo lo vivieron ellas ¿no creen?
Así que le he pedido a algunas amigas y compañeras lesbicanarias de la blogósfera que compartieran conmigo sus opiniones y me contaran qué había significado The L Word para ellas. Me gustó mucho leer sus respuestas y darme cuenta como, siendo todas tan diferentes, hemos encontrado un punto común en la serie.
Susana Font coordinadora de Ambiente G
Cuando aparecieron las primeras informaciones de la existencia del proyecto, que luego desembocaría en The L Word, hacía años que estaba esperando que las lesbianas llegaran al mainstream audiovisual y, sobre todo, que por primera vez los heterosexuales tuvieran que hacer el proceso de identificación -algo que siempre hacemos con los protagonistas- con un personaje lésbico en una relación lésbica. Creía que de esa identificación aprenderían que el amor es simplemente eso, amor; y que el amor homosexual no es para nada diferente al heterosexual. Pero eso no fue lo más importante que nos trajo la serie.
Está claro que no valoré suficientemente el efecto de una serie como The L Word entre las lesbianas. No sólo la adoptamos como otro referente más de nuestra cultura, sino que sentó unas bases que hasta entonces no existían: por primera vez alguien dibujó arquetipos lésbicos que llegaron a todos los puntos del planeta -casi todos ellos descritos anteriormente en Dykes To Watch Out For de Alison Bechdel-. Los incorporamos y aprendimos a identificarlos en nuestras vidas. ¿Quién no conoce una Alfa-Bette o una Shane ligona? Pero sobre todo creo que muchas aprendimos a racionalizar los dramas lésbicos -no nos queda otra, pertenecen a nuestra naturaleza-, a querer evitar las Jennys psicópatas y a aceptar que los 6 grados de separación se reducen hasta el extremo cuando hablamos de relaciones lésbicas.
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