Buen fin de semana señoras, espero que no les haya tocado ver sus vacaciones arruinadas por todo el rollo de los controladores. A mi casi me da un ataque cardiaco porque mi hermana viaja el lunes hacia estos rumbos y ya me veía ahorcando yo mismo a alguno si les arruinaban el viaje (soy una mujer de paz pero hace dos años y medio que no la veo y me urge uno de sus abrazos).
En fin a lo nuestro, que la semana pasada habíamos descubierto que los doctores (pero sobre todo las doctoras bellas) se nos pueden emborrachar. Sí señoras, serán gente requete nice pero a la hora de darle al drinking son igual que el resto de los mortales y las resacas les afectan igual.

El episodio comienza con Mark y Callie en la ducha. Recordemos que en el episodio pasado (y supongo yo que en la noche pasada porque con este capitulo en especial la línea temporal no me queda muy clara), Callie se acostó con Mark para intentar olvidar a cierta mujer cuyo nombre no quiero pronunciar para no afectar a los ánimos generales pero que se ve muy bien en patines.
El caso es que nuestros chicos se están duchando juntos y Mark propone sexo mañanero. Ya se sabe que no hay mejor manera de enfrentar un dia completo de trabajo que con esa energía y puntito de felicidad que te puede dar el sexo. Pero Callie no está por la labor e intenta explicarle a Sloan sin que duela demasiado a su ego que desafortunadamente y aunque tenga un polvo de muerte, cada vez que tiene sexo con él extraña a Arizona y se pone triste.
