Bienvenid@s nuevamente, siéntanse cómodas y acompáñenme a ver que nos depara el capítulo 18 de Para Vestir Santos. Hay una frase por ahí, que no es que me parezca inteligente ni nada, es simplemente que se me vino a la mente ahora, que la decía el pensador contemporáneo Forrest Gump: “La vida es una caja de bombones”, y en esas 7 palabras sintetizó, en la frase cinematográfica más tonta de la historia, lo que ya todos sabemos, que la vida es impredecible y no sabemos nunca con que nos va a sorprender.
Pues bien mis queridas bollitortas, vayamos viendo que bombón nos toca hoy, porque últimamente con nuestra suerte para la desgracia, nos tocan todos los que no quiere nadie.
La semana pasada habíamos dejado a la nueva parejita Male-Ema besándose al costado del puentecito del amor. Esta semana vemos que Male (ella, su peinado y su vestuario, que como diría mi amada amiga @SoahST es muy “Amelie cutre”) llegan a casa de Ema. Bueno, en realidad Ema la lleva a su casa, o casualmente caminaban y pasaban por la puerta, la verdad que no se sabe, pero ahí están.
Ema, tan bollerilmente virginal como nos la muestran, no sé si a propósito o por casualidad lo primero que le dice a Male es “vamos a mi cuarto”… ¿ven? ¡Tortas de pacotilla que tardan años en tomar la iniciativa! ¡Así se hace!
Por cierto, ya lo comenté la otra vez, si Malena es impresentable con el vestuario, Ema parece salida de una telenovela ochentosa. Mientras suben las escaleras, Ema le cuenta a Male que sus padres viven separados para no separarse y bastante lejos uno del otro.



