La semana pasada Katherine estaba pasando la fase de «Ais madre me acosté con una chica». Le entro la paranoia, decidió que lo de ella con Robin había sido una fase non lesbica de su vida y la cortó. Para su desgracia (o para su bien, según como se mire) Robin pasó un kilo de ella, la volvió a besar y como decía mi madre: se la llevó al huerto.

Y de que manera se la llevó señoras. Nuestra Robin que en esto de ser lesbiana tiene un poco más de experiencia, decide demostrarle empíricamente a Katherine que un buen polvo a media tarde puede ser infinitamente más revitalizante que una buena siesta. Podría comentarles mi propia experiencia sobre el asunto, pero ¿Saben qué? se los dejo de tarea… Ya me comentarán los cambios de rutina que les ocasiona.
Kat se queda en cama con cara de satisfacción mientras que Robin se levanta semi desnuda a cerrar las ventanas. Katherine de inmediato se preocupa por la salud y bienestar del corazón del vecino y le pide a su chica que no se vista frente a la ventana. Nosotras directamente nos fuimos a ver cuanto costaban las casas con vistas en Wisteria Lane, pero calma señoras, no se me hipotequen todavía, serenas morenas, que luego se me ponen ansiosas.

