Escrito por: Arcadia:
«Soy de ideas fijas. Vivo en la meseta norte española. Estoy felizmente casada, después de muchos años de vida en común, y que vaya tan felizmente como hasta ahora. Me encanta el cine (sobre todo el clásico), la buena literatura y las historias bien contadas. En el Twituniverse se me conoce como @havingdrink«
La mañana comienza con una Helen en albornoz y con evidentes síntomas de sufrir un dolor de cabeza de los que hacen época. Pronto descubrimos que no se trata de una cefalea venida sin saber por qué: es un resacón como la copa de un pino. Su causante próxima es la ingesta de una botella entera de ese vodka al que Helen es tan aficionada, y su causa remota es el grandísimo disgusto que se llevó la directora Steward en el episodio anterior. En efecto, Helen se puso a ahogar sus penas en alcohol y parece que las tales penas absorben más bebercio que una esponja.

Su novio Sean, que no rezuma mucha sensibilidad y comprensión hacia los problemas de su futura, simplemente le recuerda que se van a casar en breve (y supone que eso debería bastar para que Helen olvidara toda la presión que sufre en el trabajo y se abandonara al gozo exultante y la euforia desmedida). Pregunta el mozo si su suegro ya sabe del evento, pero al parecer el padre de Ms Steward nunca ha tenido para su hija más que palabras de desánimo y un desinterés total por su vida. Así que no es de extrañar que Helen no tenga muchas ganas de contarle a su padre que se va a casar. En realidad, no se ve que tenga interés en comunicárselo a nadie: y eso denota la poquísima ilusión que parece despertarle el enlace.


