
Escrito por: Arcadia:
«Soy de ideas fijas. Vivo en la meseta norte española. Estoy felizmente casada, después de muchos años de vida en común, y que vaya tan felizmente como hasta ahora. Me encanta el cine (sobre todo el clásico), la buena literatura y las historias bien contadas. En el Twituniverse se me conoce como @havingdrink«
Cualquiera con un poco de optimismo en la cabeza pensaría que irse a vivir al quinto infierno tiene muchos inconvenientes, pero la grandísima ventaja de vivir en paz. Error: el Mirador de Montepinar está lejos de cualquier vestigio de civilización y no aparece ni en los callejeros pero, precisamente por eso – para no molestar a los ciudadanos normales- les han encasquetado el recinto ferial al ladito mismo de la urbanización. El resultado es obvio: ruido, juerga y botellón hasta altas horas de la madrugada, toneladas de basura, borrachos entrando en las zonas comunes y en el piso de Enrique (que ya debería estar acostumbrado a que se le metan los intrusos por la terraza)…etc, etc. Los vecinos no pueden dormir. Están cabreados, soliviantados, exaltados,…En fin, más guerreros que de costumbre, si eso fuera posible. Y como Enrique Pastor es el concejal de Juventud y Tiempo Libre (es decir, el responsable de todos los festejos municipales, casualmente), el vecindario al completo se enfada con él por permitir que el Ayuntamiento haya llevado hasta la misma puerta de sus viviendas todo el molesto fiestorro.

Enrique, en realidad, no sabía nada porque nada pinta en el Ayuntamiento. Si será pringado que en toda su vida política no le habían ofrecido aún ni un triste soborno. Pues bien, este es su estreno, su pérdida de virginidad en cuanto a corrupción se refiere. El alcalde le da un sobre lleno de billetes a cambio de que entretenga a sus convecinos durante toda la semana que duran las ferias dándoles una excusa tras otra. Y el recinto ferial se queda allí, sustentado con las promesas y buenas palabras de que ya se estudiará un nuevo emplazamiento para el año siguiente.
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