Bienvenidas a la granja de la soledad de Otalia señoras. Desde que la dimples se fue de retiro espiritual la vida de Olivia (y en consecuencia la nuestra) no ha sido sino un cúmulo de sufrimiento continuo y para no variar esta semana nos han metido el dedo en la llaga.
Así que (y ya me estoy cansando de decir esto) agarren la cajita de Kleenex y prepárense para otra visita al infierno. Yo es que estoy pensando muy seriamente en comprar acciones de la empresa, porque compro tanto que me voy a ir a la ruina.

Empezamos la semana con Olivia asistiendo a la boda de Lizzie y Bill. Nuestra primera mitad de Otalia está ahí porque Lizzie es hermanastra de Emma (y en algún momento fue su hijastra). Todas sabemos que ella y Bill estuvieron casados y son amigos, ya no están tan unidos pero después de todo él fue el primero en quien Olivia confió para decirle que sentía algo más por Natalia.
En fin que Olivia está ahí mirando al horizonte con cara triste cuando «soy-un-amargado-Rafe» se acerca hasta ella para decirle que si piensa cepillarse a la novia. Liv lo mira sorprendida e intenta decir que no esta ahí por eso, pero Rafe le recuerda que después de todo ya ha estado con el novio, ¿Vas a probar suerte con ella?
Vale, ¡que alguien me detenga o lo mato! Y aguántenme un poco porque voy a renegar. ¡I´m done señoras! Dos semanas seguidas de sufrimiento continuo entre Otalia y las PepSi ha llenado mi cuota de drama por los próximos tres meses. ¡Que Olivia le de un piñazo en la nariz por el amor de Dios! Que sí, que sé que nuestra Liv tiene que sufrir pero por favor que ya pase de la fase de sufrimiento a la de cabreo y si se puede llevar a Rafe de corbata por el camino mejor.

