
Escrito por: Yovanu
Escribo desde Buenos Aires, Argentina, no es lo más al sur que se puede estar, pero casi, así que si bien geográficamente tengo una visión austral del mundo,mi imaginación no conoce fronteras.
Me gusta encontrar belleza en lo extraordinario y lo cotidiano, lo grandioso y lo pequeño, así que no es raro verme con una cámara de fotos de aquí para allá captando todo aquello que ven mis ojos y más, en especial lo imperceptible.
En el capítulo anterior conocimos a Kim, su disfuncional familia y su obsesión por su mejor amiga, Sugar.
Algo que nos quedó muy claro fue que mientras creces escuchas un montón de frases hechas, «Estas en lo mejor de la vida», «Claro que te amamos, somos tus padres», y cuando ya estás convencida que las cosas van a ir mejor, te das cuenta que no, que sólo van a empeorar, o al menos eso piensa nuestra pelirroja protagonista.
¿O alguien no sería pesimista si tuviera que lidiar con una familia como la de Kim? Y qué me dicen de un amor imposible ¡que no te registra!
Pero vayamos a nuestro segundo capítulo que comienza con la aparente y armoniosa vida familiar, Nathan eligiendo colores para las paredes, Stella como una solícita esposa diciéndole a todo que sí, Matt dentro de su pecera y nuestra Kim asqueada de la situación.
Kim,como no podía ser de otra manera, la va a ver a Sugar para contarle que está enojada porque su madre se está saliendo con la suya y que para empeorarlo, ella de alguna manera la esta encubriendo al no decir nada.


