Escrito por: Arcadia:
«Soy de ideas fijas. Vivo en la meseta norte española. Llegaré muy pronto a la cuarentena, así que me voy resignando. Estoy felizmente casada, después de muchos años de vida en común, y que vaya tan felizmente como hasta ahora. Me encanta el cine (sobre todo el clásico), la buena literatura y las historias bien contadas.»
Amanece una nueva jornada en nuestro hospital televisivo favorito. La comidilla del día es quién va a ocupar la dirección vacante y todas las sospechas recaen sobre el desagradable Jacobo. El personal ve con temor tal posibilidad porque el sujeto tiene fama de vengativo y mala leche, así que todo el que le haya llevado alguna vez la contraria ya se puede ir preparando. Por su parte, el director-in-pectore se comporta como si ya estuviera nombrado, desplegando todo ese encantador autoritarismo despótico que le permite atesorar cada día más amigos y gozar de su gran popularidad.
Héctor intenta convencer a Esther de que no se reincorpore al trabajo todavía, porque aún no está bien del todo. Nuestra enfermera, adornada aún con varios apósitos, se empeña en reanudar su actividad laboral y le ruega que no le diga a Maca lo sensato que sería que se quedara un poquito ingresada. Héctor parece ceder pero, en cuanto divisa a la pediatra, le sale el responsable médico que lleva dentro de sí y aconseja reposo en hogar, arguyendo que Esther tiene una contractura cervical.


