La semana pasada en Seis Hermanas lo dejábamos con la gran apertura de la

librería Catelia, Celia ilusionada por conocer a Simón, un gran escritor de poemas, y

con ganas de presentárselo a Velasco; y por otra parte, Cata trabajando, además,

en Modas Pavón a espaldas de Celia… ¿¿Se habrá enterado ya la maestra del doble juego que se trae su chica?? Vamos a comprobarlo.

Empieza la semana con Cata tomándole medidas para un vestido a Amalia. La pobre

chica está de los nervios, ha tenido que cerrar la librería para poder ir a casa de

los Loygorri y teme que Celia se entere que ha tenido que cerrarla y que trabaja en

otro sitio. Amalia le intenta hacer ver que es mejor que se entere por ella misma y

no por terceros, pero la chica es más cabezota que nada. A todo esto, Celia está

intentado convencer a Blanca para que se opere (¿de qué? Esto de no ver los capis

enteros me trae loca). Cuando Rodolfo desaparece, Amalia rompe las medidas que

tenía apuntadas la costurera para que tome las buenas, la cachetera quiere un

vestido provocador, ir enseñando cachas, ¡vamos!

Cata sigue con su diseño. El vestido es para las actuaciones de Amalia en el Ambigú

(que vuelve otra vez) y claro, como todo artista, ha de ir renovando el vestuario y

encandilando a los clientes y la cachetera lo que quiere es provocar sin enseñar.

En otra parte de la ciudad, Celia está cuidando de su hermana Blanca (espero que

todavía se acuerde de todo lo que le enseñó Aurora). La rubia es más cabeza

cuadrada que un alemán e insiste en que no se quiere operar por mucho que le digan

Celia, Cristóbal y el resto de sus hermanas. Al final acaba echándola de la

habitación.

La maestra está contándole sus penas a su buen amigo Federico en el despacho de

éste; la pobre ya no sabe qué hacer con respecto a Blanca, lo que no va a consentir

es perderla, como ya hizo con Adela. Se repone rápido y le pregunta al inspecto

por Gabriel. Parece ser que ha despertado (¿Estaba en coma?) pero no tiene

sensibilidad en las piernas, no saben si podrá volver a caminar. El accidente de

coche lo ha dejado tocado de por vida, o no. Velasco cree que podría haberlo

evitado; Celia le anima a que esté ahí ahora que es cuando más lo va a necesitar.

Simón y Celia están jugando al ajedrez tranquilamente en la librería mientras él le

cuenta cómo es la residencia de estudiantes. En un momento de la conversación, el

escritor le comenta a la maestra que ayer por la tarde cuando pasó por ahí, la

tienda estaba cerrada, Celia se extraña porque se suponía que Cata estaba al cargo

del negocio. Siguen jugando y él narrando historias mientras Celia se queda con el

runrún de Cata. (Uuuuyyyyyyssssss parece que se avecinan problemas…)

Más adelante, Amalia y Celia están en el hospital, al final están operando a Blanca y

están a la espera de noticias. Aparece Cristóbal, está contento, Blanca está

perfectamente y le han podido salvar el útero, por lo que podrán tener hijos en un

futuro. Las chicas se ponen muy contentas y anima a Celia para que llame a Diana y

vaya a Madrid a visitar a la paciente, piensa que le hará bien el apoyo de sus

hermanas y amiga.

Celia llega a la librería, se sorprende de ver a Cata tan tarde todavía allí. La

costurera le pregunta por su hermana y Celia contesta que está bien, sin nada de

entusiasmo, como si se tratase de una conocida lejana y no su hermana (lleva un

cabreo que ni pa qué). Cata la nota poco entusiasta. Celia le pregunta que dónde

estuvo ayer por la tarde, Cata le miente descaradamente diciéndole que estuvo en

la tienda y que hubo poco movimiento. Celia le dice que se piense bien lo que le va a

contestar porque no quiere más mentiras. Al final la costurera acaba confesando;

Celia no se lo toma mal, pero le dice que ya es mayorcita para hacer lo que quiera y

que si quiere ausentarse de la tienda, que la avise con antelación. (No lo parece,

pero Celia tiene un mosqueo de narices, ¡¡¡y no es para menos!!!).

Los escritores están tomando un refrigerio, Celia le cuenta que está muy cabreada

con Cata porque la ha mentido; él, en vez de darle la razón a la maestra se pone de

parte de la costurera, lo que irrita todavía más a Celia. Simón le pide que se ponga

en el lugar de ella, qué pensaría si Cata la obligara a estar todo el día cosiendo

dobladillos y botones, y Celia pone cara de circunstancia. La verdad es que son muy

graciosos los dos. La maestra, a pesar de que el caballero "no se ha portado bien

con ella" le va a presentar a Federico. Ya en la presentación, el inspector se queda

a cuadros con la actitud del poeta. Uno da la mano y el otro intenta besársela.

Federico casi pega un respingo de la silla (jaaaaaajajajajaja ¿por qué no los han

presentado antes? Qué pena que aquí no se pueda plasmar la escena tal y como es,

porque vamos, es ¡¡¡súper cómica!!!). El inspector, ante la actitud de Simón, sale

despavorido de la mesa y declina la oferta de Celia para quedarse al almuerzo.

Simón se acaba de enamorar, y Celia le dice que lo acaba de espantar. (Me encanta

las caritas que ponen estos dos).

La maestra va a ver a su amigo Federico. Está "muy enfadado" con el paripé que se

ha marcado Simón; Celia cree que está celoso porque se ha echado un amigo nuevo.

El inspector le deja claro que no quiere verle más, y que si alguna vez se cruzan con

él, no se quedará callado y tampoco se responsabilizará de sus actos. Celia le mira

con cara de "ya, chaval, que te he calao" e intenta mantener las apariencias. (A ver

si con esta trama le da un poco de vidilla al asunto porque no hacen más que pasar

desgracias).

Celia está colocando unos libros cuando llega Cata. La maestra le pide que le dé un

minuto para acabar lo que está haciendo y enseguida podrán hablar. La costurera

aprovecha para darle un consejo, los libros que quiera vender, mejor ponerlos a la

altura de las manos y no más abajo. Después de esto, Celia le quiere pedir disculpas

por ser tan egoísta y obligarla a vivir un sueño que no es el suyo, además, le

pregunta que si todavía la sigue queriendo. Cata le dice que sí, que ya no la idealiza

como al principio, que se le ha caído la venda de los ojos y que le sigue gustando el

conjunto que ve. Celia le sonríe con carita de enamorada. Se dan un beso y Cata se

marcha tal y como llega, sin un adiós, ni un hasta luego ni ná de ná. (¿¿Se puede

saber quién es el responsable de esto?? Llega, hablan, se besan y se va… mi no

entender).

Vemos a Blanca que se está armando de valor para comer no se qué, no debe de ser

de su agrado porque hace unos ruiditos de "puag qué asco" que echan para atrás.

Escucha ruido en las escaleras, devuelve a la caja lo que había intentado comer y,

para disimular, coge una manzana y la está pelando cuando llega a la cocina Celia. Le

pregunta que qué tal y ésta le dice que bien, le ha entrado hambre y ha ido a comer

algo. Celia está buscando la comida que le ha dejado preparada Elpidia, pero no la

encuentra. En eso que se encuentra con lo que estaba comiendo Blanca, son

arenques, y no les gustan a ninguna y cuando se dispone a tirarlos, Blanca le dice

que no, que los ha comprado ella. Ha ido al médico y le ha dicho que va a ser muy

difícil que se vuelva a quedar embarazada, así que va a hacer todo lo posible para

que eso suceda, aunque tenga que comer arenques. Celia lo que quiere es que no se

obsesione con el tema. Visto que no encuentra su comida, decide marcharse.

Celia está tranquilamente comiendo (como no) y leyendo el periódico cuando entra

Simón haciendo aspavientos y recolocando, simbólicamente, el local. Celia no sabe

qué leches está haciendo y le pregunta qué es lo que pasa. El poeta quiere hacer

una lectura de poemas de un compañero suyo de la residencia de estudiantes. La

escritora no las tiene todas consigo, pero cuando su amigo le describe al otro

escritor, a Celia le hace un cortocircuito el cerebro, es uno de sus escritores

favoritos y se presta, más que encantada, a que se haga la lectura en la librería.

(Me está gustando mucho la química que tienen estos dos personajes, Celia ya

necesitaba a alguien con quien divertirse de verdad).

Ahora ya más calmados, Celia y Simón han tratado el tema y éste se va a avisar a

sus amigos. Cómo último favor, le pide a Celia que no se olvide de invitar a Velasco,

desde que lo ha conocido, no puede pensar en nada más. Celia no las tiene todas

consigo, pero hará lo posible para que acuda. (A Federico le va a dar un jama

cuando lo vea, jijijiji).

Las chicas están recolocando la tienda después de la presentación. Celia está más

que contenta, ha sido todo un éxito. Cata se esperaba un poco más de chicha (cómo

se nota que no entiende de poesía). Como agradecimiento al acto, Simón las ha

invitado "mañana" a ir de excursión al Monasterio del Paular. Cata se niega, ella no

encaja con tanto intelectual. Su novia insiste en que le acompañe, así pasarán el día

juntas, al aire libre, y le podrá ayudar para decirle a Simón que Velasco le ha vuelto

a rechazar. Cata acepta, pero con una condición, que le acompañe a ella y sus

compañeras en la próxima excursión de modistas que haga. Celia no las tiene todas

consigo, pero acaba aceptando. Que se lo recompensará, dice. (Pues a ver si lo

vemos, ¿¿no?? ¡¡Que desde que empezaron sólo hemos visto cuatro besos y nada de

chicha!!).

Celia y Simón están en la librería como el que está en el comedor de su casa. Él le

pide disculpas por si cerrar la tienda e irse de excursión con ellos le ha causado

pérdida de clientes; a Celia no le importa, la experiencia vivida no se la quita nadie

y le hace ver que abrir esa librería es una de las mejores cosas que ha hecho en su

vida.

Mientras estos están de charreta, Cata está en casa Loygorri con Amalia, le está

haciendo los últimos retoques al vestido que le encargó.

Estos dos siguen dándole a la sin hueso y comiendo, para placer de Celia (¿¿o será

mejor de Candela??). Bueno, a lo que iba, se ponen a hablar sobre Velasco. El

escritor está hasta las trancas y va a hacer todo lo posible para que el inspector le

"haga casito". Celia le cuenta que lo va a tener más que difícil, pero que allá él.

Los amigüitos del alma están tomando un café. Ella le cuenta su excursión y él se

alegra de que lo pasara tan bien. Celia le da un regalito, es un santo, se lo ha

comprado Simón. Federico no lo acepta, le parece demasiado extrovertido para él.

Celia insiste en que es muy buena gente y muy gracioso, debería hacer el esfuerzo

en conocerlo. Federico ha dicho que no, y es que no, además, está muy pendiente

del estado de ánimo de Gabriel, no hace los ejercicios que le han mandado para

intentar recuperarse. Celia ya no sabe qué más hacer para que Velasco acceda a

ver/quedar con Simón.

Y así acaba esta semana, Velasco rechazando a un hombre apuesto y gracioso que

se interesa por él sentimentalmente; Celia haciendo de celestina con sus amigos y

Cata centrada en la moda. ¿Qué pasará al final? ¿Congeniarán estos dos o qué?

Pues para saberlo hay que esperar al próximo resumen.