Muy buenas una vez más lobas mías, ya sé que han esperado algo más de la cuenta por este post, pero es lo que tiene el irse de vacaciones. Así que sin más dilaciones , vamos con lo ocurrido esta semana entre nuestras Crisabel.
Empezamos en el convento, donde nuestra pobre Isabel parece que está en las últimas de la vida, tirada en el suelo de la peor manera posible. Pide agua, pero ni eso le concede la monja del demonio, Y no lo digo yo, es la propia Isabel lo que en un momento dado le dice “hija de Satanás” porque solo le dice que lo que necesita es rezar. Y a pesar de que otra monja le advierte a la loca que podría morir sino bebe, a ésta no le importa porque “a veces debe morir la carne para matar a la bestia” palabras textuales de nuestra monja favorita.

Pero ni piensen que sus hermanas se han olvidado de ella. Ambas acuerdan en ir a rescatarla, ya que su padre está en cama por problemas de salud y los militares se han ido de su casa, así que es un buen momento para ir sin que nadie se entere. Y así lo hacen, llegan al convento con una petaca que ambas beben para darles valor, además de un arma, porque nadie sabe con qué monja endemoniada te puedes encontrar. Yo si fuera ellas, iría armada hasta las cejas.
En el camino para encontrarse con la superiora se encuentran con un grupo de novicias, y una de ellas, cuando las ve, se tapa la cara para que no la reconozcan. No sé si a estas alturas saben quién es la que no quiere que sepan su identidad, en tal caso, lo desvelaremos más adelante.

