Escrito por: Arcadia:
«Soy de ideas fijas. Vivo en la meseta norte española. Estoy felizmente casada, después de muchos años de vida en común, y que vaya tan felizmente como hasta ahora. Me encanta el cine (sobre todo el clásico), la buena literatura y las historias bien contadas. En el Twituniverse se me conoce como @havingdrink«
Sonriente acude Helen a llevarle un zumito a su novio, que se encuentra (como siempre) manoseando macetas. Nos enteramos que la directora Steward ha implicado al muchacho jardinero en las labores del módulo carcelario que ella gobierna: va a dar una charla sobre cosas de botánica y crianza de vegetales variados. El orador teme –con toda razón- que las presas no sean un auditorio receptivo y, mucho menos, amable. Helen le tranquiliza: para ella son “majas” y no hay más que tratarlas bien para que la conferencia sea un éxito. Él opina que su novia está empezando a verlas casi como hijas suyas, y de paso le lanza un cumplido sobre lo buena madre que sería. En realidad aprovecha para sacar el tema que en el fondo quería tratar: que Helen se comprometa en serio con él, a través de hijos, casamiento, etc. Es decir, le pide matrimonio.
Helen sale por la puerta poniéndose una bonita chaqueta de cuero negra y el novio jardinero la llama. Quiere una respuesta a su petición de casorio y la quiere de ya. Helen le recuerda que él tardó un mes en decidirse a vivir con ella. El galán manifiesta haber cambiado y, como él ahora quiere que las cosas se resuelvan rápido, Helen tiene que decirle enseguidita que se casa con él. Pero Ms Steward aplaza la decisión hasta su vuelta del trabajo, que no es cosa de comprometerse a una boda con prisas y encima llegar tarde al curro. Sean (que así se llama el maromo) queda con la faz contrita.


