Escrito por: Yovanu
Escribo desde Buenos Aires, Argentina, no es lo más al sur que se puede estar, pero casi, así que si bien geográficamente tengo una visión austral del mundo,mi imaginación no conoce fronteras.
Me gusta encontrar belleza en lo extraordinario y lo cotidiano, lo grandioso y lo pequeño, así que no es raro verme con una cámara de fotos de aquí para allá captando todo aquello que ven mis ojos y más, en especial lo imperceptible.
Bienvenid@s nuevamente! La semana pasada tuvimos un capítulo que tuvo de todo, Sugar en la cárcel, Kim teniendo un entretenido encuentro sexual con una lesbiana en crisis de mediana edad que conoció una noche, y finalmente, lo que nos interesa a todas, conoció a Saint, quién oficialmente la invitó a una cita.
Nos encontramos a Kim en una clase de no sabemos qué, suponemos que literatura porque lee un ensayo y lleva muchos libros (igual no viene al caso, está en clase y ya), vemos que se encuentra reflexiva o quizá molesta clasificando a las mujeres en dos: las perras manipuladoras y las que son lo suficiente tontas como para enamorarse de ellas.
Diez horas antes Saint le había dado su número de teléfono para que la llamara, y claro, nuestra Kim no pudo con la ansiedad, ni el orgullo, ni supo leer todas las señales que le gritaban “vas a parecer un tanto desesperada” y la llamó enseguida y le dejó un mensaje para verse, 9h18m después, todavía no había tenido respuesta. Como ya es previsible, la paranoia se apoderó de Kim, tengamos en cuenta que sus antecedentes amorosos tampoco la favorecen como para pensar de manera positiva.








