La semana pasada sacamos los Kleenex una vez más porque Callie y Arizona siguieron empecinadas en estar separadas. Y es que si bien zanjaron el tema de los bebés a base de romper (¡¡sufro!!), siguen enamoradísimas la una de la otra, mirándose con ojos de cordero y cayendo en momentos de debilidad cuando se encuentran en los ascensores.

Nuestro capítulo de final de temporada comienza con Callie y Cristina en plena depresión post-relación-fallida. Y es que nuestras doctoras sufren de los clásicos síntomas del dolor de corazón: ojos rojos, moquera, depresión y cuerpo cortado. Pero como siempre son todas unas profesionales y con dos ovarios se levantan y se van a trabajar.
En el hospital, Arizona se encuentra con una niña con un apéndice enojado que requiere operación. La patinadora nos explica que no hay ningún problema, ella puede arreglar el asunto con los ojos cerrados, vamos que hasta la pequeña Grey podría, así que todas nos quedamos tranquilas. Justo en ese momento el mundo gira, las casualidades existen y Callie entra en el cuarto y se hace la despistada para evitar a su ex, vamos, lo que más o menos haríamos todas.






