Escrito por: Arcadia:
«Soy de ideas fijas. Vivo en la meseta norte española. Llegaré muy pronto a la cuarentena, así que me voy resignando. Estoy felizmente casada, después de muchos años de vida en común, y que vaya tan felizmente como hasta ahora. Me encanta el cine (sobre todo el clásico), la buena literatura y las historias bien contadas.»
La culpa se reparte entre las termitas y los constructores chapuceros. El Hospital Central está colapsado atendiendo a las numerosas víctimas del derrumbe de un edificio, que se ha caído literalmente encima de sus moradores mientras dormían. Así que Maca y Esther, de regreso de sus vacaciones en Jerez, se encuentran con todo de golpe.
Los días libres les han sentado divinamente, pero Maca se ha traído deberes para casa. Como bien señala Esther, en la familia de su cónyuge “tenemos que hacer” significa “Maca tiene que hacer”. Así que se va a encargar de todo el papeleo subsiguiente al fallecimiento de su padre y las gestiones necesarias para que todo el mundo cobre su herencia. Para tarea tan ingrata y laboriosa viene como ayudante su hermanito Rober, que es al único que conocemos porque el resto de los hermanos deben de tener prohibida la salida del domicilio (única explicación que se me ocurre para entender por qué a ninguno le hemos visto el pelo). Por lo tanto, ya tenemos otra vez a Maca como una pringada, cargando con todos los asuntos familiares; y a Esther protestando indignada por ello. Una de estas protestas le vale un cariñoso carpetazo en la cabeza por parte de su mujer.




