Escrito por: Arcadia:
«Soy de ideas fijas. Vivo en la meseta norte española. Llegaré muy pronto a la cuarentena, así que me voy resignando. Vivo en pareja desde hace un buen montón de años, y que vaya tan felizmente como hasta ahora. Me encanta el cine (sobre todo el clásico), la buena literatura y las historias bien contadas.»
El jefe de Jess se ha llevado un susto monumental: su mujer (de nombre Miranda) sospecha que anda por ahí de picos pardos, porque ha encontrado un pelo largo y moreno del que no es propietaria. Jess se da cuenta de que una esposa con los cuernos asentados en lo alto de la frente puede ser peligrosa para la salud y también pasa su miedo. Pero la santa consorte de Simon es fácil de convencer (o aplica bien el “ojos que no ven, corazón que no siente”) y pronto ambos amantes pueden continuar sin peligro dándole al sexo sin mayores complejos.

Un día, mientras trabajan, en vez de realizar esas actividades lúdicas (por una vez), un machista comentario de Simon destapa la caja de los truenos. Simon pregunta a Jess: “Cuéntame, ¿Cómo van las cosas con los “felpudos”?”. Es de suponer que entre los planes a corto-medio plazo de este gañán no esté que las mujeres de este planeta le levantemos un monumento, porque en tal caso va listo. ¿Cuándo aprenderá cierta gentecilla que tener como pseudónimo de tu persona un mote de tus órganos genitales no es gracioso, sino más bien ofensivo?







