Lesbicanariadas: Regalos a largo plazo

¿Han oído decir eso de que los actos hablan más que las palabras? La verdad es que las palabras aclaran muchas cosas, pero es verdad que a veces en los pequeños detalles se encuentra la diferencia ¿verdad? No sé, a mi a veces me da por reflexionar sobre ese asunto, por eso hoy he decidido contarles esta pequeña historia.

Resulta que hace ya bastantes años, la señorita Genix y yo vivíamos separadas. Yo estaba en México, ella vivía en Canarias y aún estábamos un poco intentando decidir como sería nuestro futuro juntas. Ya saben, quien iba a mudarse, como lo íbamos a gestionar, básicamente como iba a evolucionar nuestra relación.

A todas estas nosotras aunque hablábamos a diario por «Messenger» (y aquí se notan los siglos que llevamos juntas), nos intercambiábamos cartas y cosas porque tener algo más físico que estuvo en las manos de la persona que amas siempre es mucho más bonito ¿no creen?

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Lesbicanariadas: Hablemos de uñas

lesbiana uñas largas

En aquellos tiempos en los que fui adolescente me empezaron a encantar mis uñas. Es una cosa que no puedo explicar, simplemente me encanta dejármelas crecer, arreglármelas, pintármelas, etc. En esos momentos yo pensaba que era heterosexual así que no tenía ningún problema con ellas, más bien le gustaban a todo el mundo.

lesbiana uñas largas

Luego conocí a la señorita Genix y las uñas jamás fueron un tema de conversación para otra cosa que no fuera compartir tips para hacer mejor la manicura francesa, así que seguí viviendo la vida loca con mis uñas como si nada. Entonces un día (y algunas ya habrán leído esta historia porque creo que la conté aquí alguna vez) vine de vacaciones a Canarias (entonces yo no vivía en España) y la señorita Genix me presentó a una amiga suya y su primera reacción fue tomarme de las manos, mirarme las uñas y preguntar: ¿y ustedes cómo demonios lo hacen con esas uñas?

Ahora me da mucha risa pensar en ello (sobre todo porque después de todos estos años seguimos siendo amigas y yo siempre le digo que esa fue una presentación a lo bruto), pero en ese momento quería que la tierra me tragara. El caso es que esa fue la primera vez que conviví con la idea de que muchas lesbianas no se llevan bien con las uñas y a lo largo de los años me he topado más y más con lesbianas que odian las uñas largas. De hecho, hace no muchos meses alguien me ha dicho que no soy una lesbiana verdadera por tener uñas largas.

Por eso señoras, hoy he decidido hablarles de uñas y lesbianas. Me temo que el tópico de mirarle las manos a una chica para saber si es lesbiana puede fallar porque hay lesbianas con uñas largas. Y por si la duda las corroe tanto como a mi amiga, sí es perfectamente posible tener sexo lésbico genial.

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Lesbicanariadas: Cumplir 31

¡Habemus 31 señoras! Y este es el tercer año consecutivo que me deseo feliz cumpleaños a mí misma en el blog. ¿Es eso de mala educación? 😛 En fin, si no me quiero yo a mí misma ¿quién me va a querer? 😛

Cada año de mi vida aprendo cosas nuevas, siempre supe que esta vida es un continuo aprender, pero a veces piensas que el tamaño de las lecciones será cada vez más chico, después de todo ya has vivido un montón de años, pero lo cierto es que a medida que pasan vas aprendiendo cosas más y más grandes. Es lo genial de esta vida ¿verdad?

El año pasado por ejemplo, pensaba que tenía mi vida super enfilada, que sabía exactamente por donde quería ir y era estupendo. Este he aprendido que nunca debes dar las cosas por sentadas y que todo cambia y evoluciona, y nunca debes quedarte estancado. También ha sido una lección bonita.

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Dos armarios en casa

Siempre leo con interés las historias y anécdotas de salida del armario de los demás, a veces la comparo con la mía, las hay más dramáticas, más graciosas, de todos los estilos, y claro, muchas veces pienso….¿dónde estamos aquellos que hemos vivido muy de cerca dos? ¿Qué quiero decir con esto? Bueno, en mi caso, yo salí del armario cuando tenía 20 años, no sólo en ese momento fue el drama familiar que duró bastante tiempo, sino que al salir yo….mi hermano se quedó dentro. Lo mejor para entender las historias, supongo que es empezar por el principio.

Cuando yo ya había asumido que me gustaban las chicas (algo que para mí fue muy natural y nada traumático), estaba felizmente enamorada y el paso siguiente o el que yo consideraba que era el siguiente, era empezar a salir del armario. No porque crea que todo el mundo debe hacerlo, sino porque yo sentía que me ahogaba dentro y tenía que salir cuanto antes. Sabía que en mi casa la noticia iba a ser como mínimo un drama total, pero no me importaba, necesitaba hacerlo. En esas andaba, dialogando con mi consciencia cuando un día se acerca a mí hermano. Él es dos años menor que yo, con lo cual si yo no era muy adulta todavía, él todavía estaba en la adolescencia. Él era el único de mi familia a quien yo le había contado que me gustaban las mujeres, entonces supongo asumió (erróneamente) que podía venir y contarme que él estaba confundido…..que las mujeres le gustaban pero también le gustaban los hombres. Cuando me dijo eso, yo sentí que me caía una roca enorme encima. En ningún momento pensé en como lo estaba llevando él, simplemente mi cabeza pensaba: ¿y mis padres? Tienen dos hijos gays. Conmigo ya les va a costar aceptarlo ¿pero cómo se les explica que tuvieron el jackpot de la homosexualidad y que se llevaron el pleno 2 sobre 2?

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Lesbicanariadas: La tercera madre en discordia

Señoras, tengo claro que a mí me hace daño ver Anatomía de Grey, se los juro, lo mío no es normal. Si el año pasado me tenían por la calle de la amargura meditando si quería un bebé en mi vida este año ha tocado reflexionar sobre ser la tercera madre en discordia. Porque puede que ninguna de ustedes lo sospechara señoras pero tengo que confesar que no soy el «padre biológico de Jud» :P.

Mi historia es en muchas ocasiones diametralmente opuesta a la de Callie y Arizona, y en otras tan parecida que me puede dar hasta un poco de risa. Verán cuando yo conocí a la señorita Genix, ella y su ex tenian cuatro años de haberse separado, pero aun eran amigos (de hecho él fue el padrino de nuestra boda). Eso para mí nunca fue demasiado problema, quizá porque estoy completamente loca, pero lo cierto es que nunca he sido demasiado celosa, y tengo completa confianza en ella desde el principio. Nunca me dio miedo esa parte, si ella no quisiera estar conmigo estaría con alguien más, al menos eso es lo que siempre he pensado.

Pero ¿saben qué sí me dio pánico? Descubrir que tenía una hija, porque veran, a los 19 años yo sabía que algún día quería ser mamá. Y ese algún me sonaba terriblemente lejano, tan lejano que jamás había meditado sobre el asunto de manera real. Me había hecho ilusiones y había fantaseado con ello, pero no lo había solidificado como un plan real en mi vida.

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Lesbicanariadas: De vacaciones con mi hermana

Esta semana ha sido super emocionante porque mi hermana venía de vacaciones hasta Las Islas Canarias con toda su happy family. Es la primera vez que todos vienen a Europa y a Las Palmas, así que Genix y yo hemos estado casi que brincando y desesperadas porque llegaran ya.

Después de un vuelo retrasado y un paso por Madrid que fue estupendísimo porque la señorita Pipipaldi los invitó a comer, los apapachó un ratito y los dejó casi que en la puerta del avión (se lo pagaremos a base de besos y birra cuando se venga a Palmirilandia), llegaron al aeropuerto y por fin mi hermanita y yo pudimos abrazarnos después de dos años y medio de no vernos. ¡Fue genialísimo!

También abracé a mi cuñado con quien me llevo super bien (de hecho hace muchos, muchos años, cuando todavía no se casaban y eran novios y rompieron mi cuñado y yo nos íbamos de fiesta juntos de todos modos XD) y a quien extrañaba mucho porque me encanta platicar con él y hacer cosas juntos. Y a mis dos sobrinitos, a Ainhoa que ya me conoce super bien porque nos hemos visto muchas veces. Y Arath que casi no nos conocía porque cuando lo ví era un bebé muy pequeñito, pero que se ha adaptado estupendamente. Y le encantan sus tías :D.

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Lesbicanariadas: ¡Pintemos la casa!

Hace unas cuantas semanas, Jud se aburria porque está de vacaciones y aparentemente no hay suficientes cosas que hacer, así que se le ocurrió que queria pintar la casa. La señorita Genix y yo nos miramos con caras de «ais madre que esta nos pinta media pared se cansa y nos toca a nosotras pintar todo» y eludimos las indirectas durante un tiempo respetable, pero al final terminamos cayendo y le compramos los botes de pintura.

El caso es que efectivamente Jud empezó a pintar y ayudada de sus happy friends que se apuntaron de inmediato empezó con la pintadera de la casa. El problema es que a la señorita Genix le gusta la perfección en cuanto a cosas del hogar así que ellos hacían el grueso del trabajo y luego nosotros teníamos que repasarlo todo y nuestro cuarto por supuesto lo pintamos nosotras porque no permito que nadie se acerque a medio metro de mi colección de consolas y gadgets sin permiso 😛 (na esto último es broma…creo…a medias…ejem sí soy geek)

En fin que durante una semana estuvimos moviendo muebles y pintando cuarto por cuarto de color blanco. Eso no hubiera sido tan traumático si no fuera porque antes estaba pintada de tonos salmón, lila, y naranja suave y no saben lo que costó sacar ese color de nuestras sacrosantas paredes. Tuvimos que pintar cada pared por lo menos 3 veces con el consiguiente cansacio y no quiero ni hablar del techo que por alguna extraña y misteriosa razón tendía a descarapelarse cuando intentabas pintarlo.

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Lesbicanariadas: Cambiando de década

No están ustedes para saberlo ni yo para contarlo pero el día de hoy es mi cumpleaños. La cosa no seria para contarse si no es porque por tercera vez en mi vida cambio de decena. Vamos que hoy cumplo treinta añitos. La verdad es que siempre me lo imaginé como algo muy relevante pero a la hora de la hora la verdad es que es simplemente un número más.

Pero lo realmente genial es que creo que estoy en la época más divertida de mi vida. Estoy viajando un montón, trabajando en algo que me encanta, me siento segura de mi misma y el momento que vivo con mi pareja no podía ser mejor. Vamos que empiezo los treinta por todo lo alto y es la bomba.

Creo que gran parte de mi felicidad radica en que me he conseguido aceptar exactamente como soy. Ya no tengo ni un ápice de culpa por ser lesbiana, no me da miedo tomar a mi pareja de la mano por la calle, y no le doy más importancia de la que tiene. En fin que me lo estoy pasando pipa señoras.

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Lesbicanariadas: Sobre los bebes

Últimamente todo el rollo «bebe sí o bebe no» en Anatomía de Grey me tiene descolocada. Sobre todo porque yo misma estoy en la dicotomía de elegir que es lo que quiero para mi futuro.

Cuando era una adolescente pensaba que de los 20 a los 25 era la edad más adecuada para tener un bebe. Sí, ahora creo que estaba más loca que una cabra, pero en ese entonces me parecía de lo más normal. Un montón de mujeres a mi alrededor estaban teniendo hijos a esas edades y yo siempre había pensado que es mejor tener hijos cuando eres joven para poder estar «más en su onda».

Desde siempre me han gustado muchísimo los niños, en ese sentido soy un poco más como Arizona porque tengo mucha química con ellos y me encanta cuidarlos. Soy lo que se dice la tía favorita tanto de los niños como de los padres. Hace años hacia tours con todos mis primos pequeños y sobrinos al cine, me encantaba llevarlos y pasaba por ellos a sus casas (siempre terminaba como con 12 peques de 3 a 10 años) para llevarlos a ver la última de dibujos animados. Era muy gracioso, en el cine cuando les compraba las palomitas y el refresco siempre me preguntaban que si tenía un Kinder LOL.

El caso es que siempre me imaginé a mi misma con niños, por lo menos dos, era una visión que tenía totalmente clara en mi vida. Cuando me vine a España seguía con esa idea, y durante mucho tiempo fue frustrante para mi pensar en que no podía cumplir esa ilusión. En ese momento estaba inestable económicamente, no tenía una seguridad de poder quedarme en España y no era el momento idóneo.

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Lesbicanariadas: Nunca digas nunca

Hace unos cuantos añitos, estaba yo en la fiesta de cumpleaños de uno de mis primos. Tenía como 8 años y estaba triste porque mi tío David (que tan solo es cuatro años más grande que yo) me había dicho que no quería quedarse porque «le aburrían esas cosas». Mi mamá me explico que a los niños grandes ya no les gustaban las piñatas ni jugar a lo de antes y recuerdo de manera super vívida que en ese momento pensé: «A mi jamás van a dejar de gustarme las fiestas de niños, no voy a ser como los adultos. Siempre voy a querer darle a la piñata y recoger los dulces y jugar un montón».

La realidad es que con el paso de los años las fiestas de niños me hacen menos ilusión y cuando me dí cuenta pensé: «demonios me he fallado a mí misma y me convertí en una adulta». No es una experiencia que me haya pasado solo una vez.

Cuando tenía 14 me desperté tarde un fin de semana y a pesar de que mi madre me había pedido que le lavara los trastes me quede viendo televisión y haciendo el pato toda la mañana. Por la noche ella tuvo que lavarlos cuando llegó de trabajar y mi padre se enfado conmigo (obvio) y yo pensé: «es fin de semana y quiere que trabaje, que pesado yo nunca voy a ser así con mis hijos». El caso es que de ser una chica living la vida loca a quien le hacían la comida todos los días (bua extraño esos días) me convertí en una madre y esposa que tenía que hacer la comida todos los días. Y aunque me gusta mucho la cocina y me divierto mucho haciendo muffins y demás cosas, han habido muchos días en los que llego totalmente hecha polvo del trabajo y tengo que hacer de comer y me encuentro con Judith dormida y una pila de trastes del tamaño del universo y entonces pienso en mi madre.

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Lesbicanariadas: Crónicas de una patosa

Querido diario, hace unos años tuve que aceptar la realidad de mi vida: Soy una patosa. Lo negaré en público tantas veces como sea necesario, pero aquí en la privacidad de mis letras no me queda otro remedio que aceptarlo.

Creo que el momento clave en el que decidí dejar de negarlo ocurrió una nublada tarde a mediados de los noventas. En ese entonces estaba en el equipo de volleyball de la escuela y en plenos entrenamientos para el campeonato. Así que le di un trago a mi bebida y salí corriendo a seguir con lo mio. El caso es que al final nuestra entrenadora siempre nos daba una charla sobre lo que teníamos que mejorar y mientras escuchaba sus instrucciones cogí mi bebida y le di un trago.

Lo siguiente que supe fue tenía un horrible dolor en la lengua y algo extraño y misterioso se movía dentro de mi boca. Así que mientras escupía una abeja y me quitaba el aguijón no pude sino llorar de la risa mientras pensaba que esa es la clase de cosas que solo me suceden a mi. Y la verdad es que me suceden muy seguido.

Hace un año en mis vacaciones en México, estaba yo con mis hermanas, mi sobrina, Eidel y Cris en la presa pasando un buen rato. El caso es que nos entró la locura de subir una pared y resbalarnos. Desde que me robaron mi bicicleta el ejercicio que estoy haciendo es prácticamente nulo, así que yo sabía que no iba a subir ni medio metro.

En fin que justo antes de mí le toco a Sergio (mi cuñado) que al bajar se quemó las manos con el cemento. Así que cuando me toco mi turno corrí hacia la pared y subí lo más que pude pero di tan solo como 3 pasos así que estaba segura de que estaba cuando mucho a 20 centímetros del piso LOL. Y en ese medio segundo en el que uno piensa mil cosas pensé que no me apetecía quemarme yo también las manos y que lo mejor sería saltar. Así que me impulsé hacia atrás y mientras me giraba para apoyar el pie y lo siguiente que vi es que estaba como dos metros (o por lo menos eso parecía desde arriba) por encima del piso y que me precipitaba al vacío LOL. Digamos que me lleve una piedra de recuerdo en la mano. Eso sí, las risas nos duran hasta ahora.

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