Jim Fenner no está en la prisión: está suspendido de empleo y sueldo hasta que le investiguen. Las presas toman la noticia de manera desigual –es evidente que quienes eran bien tratadas por el guardián tienen un disgusto y las que no, un gusto. Bueno, no, hay una excepción: Nikki. Ella debería alegrarse, porque si había alguien a quien no le gustara Fenner (sentimiento que resultaba recíproco) era Wade. Por eso Dominic se extraña: debería de estar festejándolo y no con cara de vinagre en lo alto de la escalera. Entonces le entrega una carta, Nikki la abre; contiene una fotografía de una escritora famosa con pinta de siglo XIX -¿George Elliot quizá?- y una hojita de papel manuscrita. En la anotación firma H. El semblante de la reclusa cambia como por milagro: la carta le ha alegrado el día. ¿Adivinan a qué nombre puede corresponder esa inicial?
Exacto, acertaron. Y hablando de ella, supuesto que ha dimitido, el Ala G se ha quedado sin jefa. Aunque estaría encantado de hacerlo, Stubberfield no puede nombrar para el puesto a Jim Fenner porque está suspendido y bajo investigación. Así que acude a Karen, a la que visita la mejor oportunidad profesional de su vida.




