Buenas, buenas, buenas. Aquí estoy un día más para contaros las aventuras y desventuras de las pequeñas mentirosas. ¿Listas? Palomitas, algo de beber, el ventilador o la mantita según corresponda y ¡allá vamos!
La semana pasada nos quedamos con las chicas intentando averiguar si Ian estaba muertito o escondidito. Y la cosa quedó en que estaba vivo. El capítulo de hoy empieza en ese mismo punto. Las chicas están en un lugar oscuro y siniestro ¿un invernadero? Bastante asustadas. Sigo sin entender porqué van sin linterna, bengalas y spray de pimienta. ¿Y por qué están en pijama? Todo son preguntas del tipo ¿por qué Melissa está mensajeándose con Ian? ¿Qué se han contado?

La cosa es que ven a Jason en la oscuridad tirando las cosas que la gente dejó como recuerdo de Allison, parece que ha vuelto a la ciudad y está “haciendo limpieza”. Jason está de vuelta en la ciudad y de vuelta a la casa dónde vivía la familia. Y parece que no es el único que ha vuelto a la ciudad, porque el papá de Hanna también ha vuelto, parece ser que está preocupado por su hijita y toda la historia de muertitos y desaparecidos.
El día amanece con todas las mamás preocupadas por llegar a cabo eso de que las chicas no contacten entre ellas, así que la mamá de Emily le dice que solo puede usar el móvil delante de ella. A Emily la vida le sonríe, no puede llamar a sus amigas (ni verlas), tiene que pensar en hacer las maletas y todas sus novias han desaparecido. ¡Ah, no! Que en realidad todo le sale al revés.

