Escrito por: Arcadia:
«Soy de ideas fijas. Vivo en la meseta norte española. Llegaré muy pronto a la cuarentena, así que me voy resignando. Estoy felizmente casada, después de muchos años de vida en común, y que vaya tan felizmente como hasta ahora. Me encanta el cine (sobre todo el clásico), la buena literatura y las historias bien contadas.»
Esther está mucho mejor. Tiene la habitación atestada de flores y un nuevo corte de pelo (que le hicieron para garantizar una mejor accesibilidad a su cráneo). Así que, sin nada mejor que hacer, se dedica a leer el periódico. Mira tú que hay hojas en el periódico llenas de crímenes y atentados con los que entretenerse; pues no, Esthercita va a dar justo con la esquela de su exnovia. Allí deja los ojos clavados, y se le mete en su recién operada cabeza que tiene que ir al entierro.
Llega Maca feliz cual perdiz y le estampa un cariñoso besito, pero la faz se le muda en cuanto su esposa le comunica sus pretensiones. La paciente defiende que necesita despedirse de la muerta, y su cónyuge rebate las alegaciones con la siguiente argumentación:
- Tú allí no pintas nada (esto es una verdad como un templo egipcio de grande)
- Ni siquiera tiene el alta (otra razón de peso pesado). Como ve que Maca se pone firme, Esther cambia la estrategia y empieza a hacerle pucheritos para salirse con la suya. Pero no contaba con su mano izquierda, que responde al ataque con idéntica estrategia: con mimitos, pero diciendo que no.




