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Venice: De ahora en adelante episodio 1

Venice: De ahora en adelante episodio 1

Como sé que extrañan mucho Venice y que eso de que un miércoles por la noche no haya episodio que comentar ni causa, motivo, o razón para hablar de nuestra amada Crystal Chappell es malo para la salud de su cuerpo y alma he decido lanzar un proyecto conjunto.

Lo cierto es que la señorita Genix lleva un tiempo ya escribiendo un Fanfic de la serie que le de su propio sabor a lo que podría ser la tercera temporada de Venice. Y aprovechando que hoy estamos estrenando el nuevo foro de Fanfics y que todas apreciamos leer de vez en cuando una historia lésbica he negociado con mi querida wife el empezar a publicar cada miércoles un capítulo de la historia de tal manera que no nos quedemos sin nada que hacer hasta que vuelva la serie.

Así que señoras, les presento De Ahora en Adelante que a diferencia de la serie original y para nuestro disfrute se centra casi por completo en nuestro trío dinámico favorito (les prometo que aquí no habrá medio capitulo dedicado a Owen y Sami). ¡Espero que lo disfruten tanto como yo!

Disclaimers: Todos los personajes de Venice The Series y por lo tanto de este Fan Fic, son propiedad de Open Book Productions, sólo los he tomado prestados para saciar un poco la ansiedad de no poder verlos durante una larga temporada, y con fines no lucrativos, solo por diversión pura y dura, además de un homenaje a esta serie que tanto nos ha hecho debatir

Episodio 1

El día después

Esa misma tarde Ani se limitó a buscar las direcciones de los centros para Alcohólicos en la ciudad. Lara había prometido buscar ayuda pero era incapaz de hacer nada más que llorar y pedir disculpas por su estrepitoso comportamiento.
Durante todo el día habían intentado hablar de lo ocurrido, pero Lara no hacía otra cosa que romper en llanto y repetir incesantemente sus promesas de superar su problema haciendo cualquier cosa que fuera necesaria.
Ani tomó el teléfono y marcó. Lara vertía el café en unas tazas y con lágrimas en sus ojos contemplaba el moretón en el rostro de Ani. Se acercó hasta la otra mujer de pie ante el teléfono. Ani, sin mirarla, tomó la taza de café que le ofreció y daba por terminada la conversación con su mirada perdida en el algún lugar de la ventana, mientras que Lara se sentó con su cabeza baja, en un lado del sofá. Los ojos de Ani miraron al cielo a través del cristal incapaz de romper con la tensión que rondaba el ambiente entre las dos.

Lara se levantó y con un gran interrogante en sus ojos, se acercó a su espalda abrazándola por detrás esperando espantar cualquier pensamiento en la cabeza de Ani.
-Todo va a salir bien… Te lo prometo -dijo volviendo a llorar y siendo testigo de la actitud fría y distante de su novia. Ani no respondió palabra alguna, simplemente dejó sus ojos clavados en el vacío hacia fuera no pudiendo evitar sentir cierta incomodidad por la cercanía de Lara.
-Deberías llamar a tu editora -le dijo soltándose, incapaz de dejarse retener en su abrazo por más tiempo.
-Lo haré -respondió Lara dándose cuenta de que su esfuerzo de acercarse a ella eran en vano. -¿A dónde vas? -continuó diciendo con algo de temor mientras contemplaba a Ani acercarse a la barra de la cocina, dejar ahí su taza de café y coger sus llaves.
Lara se quedó estática con sus ojos en la puerta cerrada. Sus ojos se apartaron de la puerta cerrada hacia unas de las botellas de su mueble bar, pero bajando la mirada se fue al sofá y acostándose en él, cerrando sus ojos y sus sentidos a todo a lo de su alrededor.

Ani, una vez fuera de la vista de su novia, dejó caer su cabeza hacia atrás apoyándola contra la madera un segundo antes de emprender su camino hacia cualquier lado que la alejara de allí.
Sus pasos acaban por hacerla llegar a la playa. Mirando hacia el horizonte frente a ella dejó salir su frustración y las lágrimas contenidas que hasta ahora no había dejado escapar.
El viento despeinaba su cabello, y la brisa marina congelaba el agua de sus mejillas, las gaviotas la sobrevolaban graznando ajenas al dolor que escondía su silencio.
Cruzó sus brazos sobre su vientre y dejó a sus emociones salir fuera, lejos de la mirada de todos.


Gina corría por la avenida. Haber salido temprano a correr le daría tiempo para sudar un poco antes de preparar el desayuno al coronel. Sus ojos verdes parecieron reconocer una silueta familiar en la orilla. Se quitó uno de sus auriculares dejándola escuchar los primeros sonidos de la mañana que ya iban despertando la ciudad. Aminoró su paso con su mirada hacia aquella silueta. Quizás era un espejismo o quizás todo era porque no podía dejar de pensar en ella últimamente, pero aquella mujer parada en la orilla, se le pareció a Ani.
Caminó despacio un par de pasos hacia la arena para confirmar su sospecha. No pudo evitar sentir su corazón acelerarse al ver aquella melena oscura ondeando al capricho del viento.
-¿Ani?… -dijo solo para sus oídos antes de avanzar un poco más por la fría arena. Se acercó despacio apartando los mechones de su cara que ondeaban sobre su cara impidiéndole ver con claridad, por mucho que se esforzó por colocarlos tras su oreja. Solo cuando se percató de que la mujer comenzaba a andar en sentido contrario, se atrevió a dar un segundo paso.
-¡¡Ani!! -gritó en un vano intento de que la mujer le escuchara.
El ruido del mar ensordeció por completo el sonido de su voz. Notando lo inútil de su intento en alcanzarla, cesó en su empeño y, colocando de nuevo su auricular en su oreja, continuó a paso ligero por la avenida, no sin antes volver a mirar al espacio vacío que había dejado la silueta de aquella mujer no solo en la orilla, sino en la playa… e incluso más allá.


Lara permanecía callada mientras que la coordinadora de la organización de AA le daba la bienvenida a su programa de recuperación. Tímidamente giró su cabeza hacia Ani que parecía atenta a cada palabra de la mujer, notando como había hecho un buen trabajo en cubrir con maquillaje las secuelas del golpe de la noche pasada. Verla allí le hizo sentirse incapaz de interrumpir y pedir discreción dado que todo aquello podría perjudicar lo que quedaba de su carrera, y eso, incluso para ella le resultaba egoísta al mirarla a su lado. Ani, sintiéndose observada, ladeó sus ojos encontrándose con los suyos, tímidamente hizo una mueca que pretendió ser una pequeña sonrisa sin llegar a serlo. Justo en ese momento la puerta se abrió, y una chica de pelo oscuro y largo vestida con jeans y con una amplia sonrisa en su rostro, se adentró en la oficina. La coordinadora le dio la bienvenida y seguidamente la presentó a las dos mujeres que permanecían expectantes ante ellas.
-Señorita Miller, esta será tu madrina.
-¿Mi madrina? -contestó la escritora con desconcierto y curiosidad.
-Así es. Una madrina es como un soporte, alguien a quien puedes acudir bajo cualquier circunstancia que te haga caer en la bebida.
-Yo no necesito ninguna madrina, ¡esto es absurdo! -inquirió la escritora viendo el matiz de la conversación.
Ani fijó sus ojos en ella con desaprobación a su gesto negativo.
-Está bien -respondió Lara a aquella mirada ladeando sus ojos hasta la coordinadora y la otra mujer que se había colocado a su lado.
-Cristina, te presento a la Señorita Miller -dijo la coordinadora acostumbrada a ese tipo de reacción por parte de los nuevos en el plan de rehabilitación.
La mujer alta, de pelo largo y oscuro, y de mirada penetrante, extendió su mano al aire delante de la escritora dedicándole una mueca que pretendió ser una sonrisa. Lara estrechó su mano con la suya con una mezcla de vergüenza y de frustración, como si ese hecho confirmara de una vez por todas que realmente tenía un problema que la catalogaba a los ojos de todos como una alcohólica.
-No debes preocuparte. Solo estoy aquí para ayudarte. Tu único cometido es dejarme hacerlo -dijo Cris con voz segura y decidida.
Lara no medió palabra alguna a las palabras de aquella mujer, simplemente desvió sus ojos de ella hacia Ani y esperó que alguien más rompiera el silencio.
-Señorita Martin, es importante que las dejemos solas.
Cierto aire de preocupación rondó el rostro de Ani, antes de que la coordinadora volviera a hablar.
-No te preocupes. Está en buenas manos.
-Pero… -dijo la fotógrafa mirando con la misma preocupación hacia Lara.
-Es lo mejor para ella. Si realmente quiere ayudarla, hágalo sin más -insistió la coordinadora utilizando un tono tranquilizador y sincero.
Ani se incorporó de su silla, colgó el bolso de su hombro y se encaminó hacia la puerta de la oficina que abrió pero que no cerró sin antes echar una última mirada a Lara que la observaba de reojo con una sonrisa de complicidad que pretendía tranquilizarla, y ver como Cris tomaba asiento en la silla que había dejado libre.
-He leído tu libro -le escuchó decir a Cris un segundo antes de cerrar la puerta y caminar hacia la calle.


Gina miraba a su padre como desde el sillón permanecía absorto en leer el periódico. No entendía como no había discutido su decisión de hacerle de comida una ensalada y unos filetes de pescado hervido. La actitud del coronel era como cuando estaba a punto de soltarle unas de sus grandes parrafadas sobre lo perdidos e inútiles que eran sus hijos. Notaba que algo pasaba en la cabeza de ese hombre, pero no lograba acertar el qué.
Cogió el plato de ensalada y lo acercó a la mesa en el mismo instante que su móvil sonaba en algún lugar dentro de su bolso.
Lo abrió y rebuscó hasta dar con él.
-Owen, ¿cómo estás hermano?
-Bien jodido -escuchó decir desde el otro lado del hilo telefónico.
-¿Qué ocurre? ¿Estás bien?
-La he vuelto a joder Gina…Se trata de Sami
Gina no pudo evitar sentir cierta tranquilidad al oír esa excusa, pero con su mano en su tabique nasal reflejaba la inquietud que le estaba originando el tono de voz de su hermano.
-¿Podemos hablar?
-Claro, solo espérame, en media hora en el High bar.
Los ojos del coronel miraban atentos a la espalda de su hija, poniendo especial atención en sus palabras.
-En media hora está bien.
-Ok, ahí te veo -dijo Gina antes de colgar y respirar hondo mirando el teclado de su móvil como si se tratase de los ojos de su hermano.
El coronel desvió su mirada de ella y se centró en tomar el tenedor y comenzar a comer, intentando fingir no haber puesto atención a lo sucedido. Gina abrió de nuevo su bolso para introducir dentro su móvil cuando de repente se dio cuenta de que el sobre con la carta que había metido allí el día anterior, no estaba. Bajo la mirada furtiva del Coronel, colocó la mano en su frente en señal de preocupación, respiró sonoramente y, como si de una necesidad prioritaria se tratase, comenzó a buscar por todo el espacio del salón aquella carta que sabía que nunca debió de haber escrito. El coronel sonrió ante su tenedor lleno de comida, observando como su hija levantaba los cojines del salón y luego miraba en medio de los libros de los estantes de la librería con una evidente cara de preocupación que rozaba a desesperación.


Los pasos de Ani la llevaron hasta el High bar por un café.
La tarde ya empezaba a caer, y los rayos del sol empezaban a perder su intensidad. Un buen café mirando las hermosas vistas de aquel lugar le daría fuerzas antes de pasar por su estudio y regresar a casa.
Nada más subir las escaleras, Jamie se percató de su presencia.
-¡Hola preciosa! -la saludó con la misma alegría y cariño con la que lo hacía siempre.
-Hola Jamie.
– ¿Qué te sirvo?
-Un café bien cargado, por favor
-Eso está hecho. Vamos, te acompaño a una mesa.

Los ojos de Gina se apartaron un segundo de su hermano, y descubrieron a Ani que, ajena a ellos, caminaba junto a Jamie hacia una mesa del otro extremo del local.
Sus ojos verdes reflejaban toda la admiración y devoción que le provocaba la simple visión de Ani. Siempre sentía que era capaz de iluminar el espacio en el que se encontraba. El semblante serio de Ani mientras tomaba asiento enfatizaba la mirada de sus ojos oscuros. Cierta tristeza empezó a borrar la casi sonrisa que le provocaba ver a Ani allí, tan cerca pero tan inalcanzable.
-Gina…que estoy aquí. Creía que me ibas a escuchar.
-Y te escucho Owen, lo siento.
Los ojos de Owen se dirigieron hacia el lugar adonde su hermana había mirado fijamente momentos antes y descubrió a Ani sentada ante una de las mesas, con su codo apoyado en la ella y su mirada desviada hacia la playa y el ambiente relajante que emanaba de ella a esas horas..
-Sí, ya veo.
-Owen, yo que tú hablaría con ella. Desde luego que no trato de convencerte de que lo aceptará así sin más, pero…es la única salida. No huyas del problema, porque de todos modos no hay nada que perder que ya no hayas perdido.
-Vaya, curioso que tú me digas eso ¿no? -dijo Owen un tanto dolido por la verdad que escondía las palabras de su hermana y acabando su frase apuntando con su barbilla hacia la dirección de la mesa de Ani.
-Créeme, sé de lo que hablo -dijo bajando sus párpados hacia su café y luego elevándolos hasta Ani que aún estaba ajena a su presencia, contemplaba la playa.
Solo unas pocas personas caminaban por la orilla, los graznidos de alguna gaviota y el murmullo de las olas acariciando la arena se mezclaba con la tenue música de fondo del bar.
Y continuó mirándola mientras sacaba un pequeño espejo de su bolso y se dedicó a retocar parte de su maquillaje. Sonrió de poder saborear contemplarla libremente sin ser descubierta, pero tras unos instantes perdida en aquella visión ante ella, y como si de pronto un latigazo de realidad hubiera azotado su corazón, bajó la mirada hasta su café.

Jamie acercó el café hasta la mesa de Ani. Nada más depositarlo ante ella y viendo su reacción exagerada de cerrar de inmediato su espejo, borró la sonrisa con la que se lo quería servir.
-¿Estás bien?
-Claro que sí Jamie -dijo forzando una sonrisa e intentando ser convincente.
-Ayer estuvo Lara por aquí y… ¿Seguro que todo está bien?
Ani, recordando el día anterior y cómo seguramente Jamie había sido testigo del estado de Lara, bajó sus ojos hasta su café mordiendo la cara interior de su labio inferior.
-Si necesitas a alguien con quien hablar de lo que sea, ya sabes que puedes contar conmigo -dijo Jamie, respetando el lenguaje corporal de la mujer que le hacía comprender que no quería hablar sobre ello.
-Lo sé -dijo una Ani que se esforzó por mostrarle otra de sus amplias sonrisas en gratitud a su ofrecimiento. Jamie le guiñó un ojo con una seriedad impropia de él, y colocó una mano en su hombro antes de irse a servir a unos nuevos clientes que acababan de ocupar una mesa cercana.
Los ojos verdes de Gina observaron el gesto de Jamie. Solo le había visto ese semblante el día en el que el detective Brandon, había dado ciertos datos sobre las extrañas circunstancias que rodeaba la muerte de la Candy cane. Cierta inquietud empezó a invadirla al notar como la mirada de Ani parecía esconder algo que no podía definir, esa mirada tan parecida a la que ponía cada vez que esquivaba cualquier compromiso con ella. Se maldijo en silencio por su estupidez mientras que de nuevo la voz de Owen se volvió solo un murmullo más que rodeaba su pensamiento en aquella mujer frente a ella.
-Owen. Prometo que esta noche te invito a cenar, pero ahora debo hacer algo. Discúlpame. -Sin esperar respuesta alguna de su hermano, se levantó de la silla y se acercó hasta Ani.
-¿Cómo no hermana? Ninguno de los dos tenemos nada que perder -dijo bajo para sí mismo, dando el último trago de café de su taza.

Avanzando hacia el otro extremo de la terraza, Gina se preguntaba si era sano para ella contemplar a Ani como lo estaba haciendo. Ya había sido un poco embarazoso que Ani la hubiera visto intentando descubrir su olor en la vieja camiseta roja que Ani aún conservaba. Y de verdad estaba tratando de no destapar sus sentimientos, no ahora que Ani parecía haber encontrado la felicidad junto a alguien más.
-¿Café a estas horas? Eso no es usual en ti -dijo con una sonrisa asomando por un lado de la espalda de Ani
-Hola -dijo la otra mujer con una ligera sonrisa que a Gina le pareció que hacía estremecer su mundo.
-¿Puedo acompañarte o esperas a Lara?
-No no, no espero a Lara, pero ya casi me iba al estudio -dijo elevando su mano por instinto hacia su moretón, fingiendo colocar un mechón de su cabello e intentando que la otra mujer no se percatara de él de ninguna de las maneras. Y es que si había alguien que podía leer en ella, esa era Gina.
-Bueno -dijo Gina -, yo también llego tarde…ya sabes…El coronel
-Sí, claro. ¿Cómo te va con él?
-Simplemente va -dijo con una de sus hermosas sonrisas notando que el tema al menos le otorgaba unos minutos en su compañía. No tardó en acomodarse en la silla frente a ella.
-¿Cómo te va con la exposición? -dijo rompiendo con el silencio de Ani y extrañando su mirada.
-Todo perfecto -respondió mirándola solo unos segundos.
El presentimiento de Gina se hizo más fuerte con ese gesto.
-¿Estás bien? -preguntó de pronto sin borrar su sonrisa e intentando sujetar la mano libre de Ani sobre de la mesa.
-Sí, claro que sí -dijo deslizando su mano bajo la suya-. Solo estoy cansada, ha sido un día muy largo -añadió alzando su mano hasta la cien y frotándola levemente, usando el gesto para ocultar su herida.
Gina la miró esperando alguna palabra más que le sacara el nudo que sentía en el estómago sin saber por qué. Ani desvió sus ojos hasta ella, pero notando que Gina la conocía mejor que nadie, optó por dar el último sorbo a su café y moverse de su silla.
-Bueno, tengo que irme -dijo colgando el bolso de su hombro y caminando hacia la escalera del local. En ese mismo momento Gina pudo percibir la hinchazón de su mejilla
-¡Espera! gritó bajándose de un solo movimiento de su silla.
Ani no hizo caso a su petición. De repente Gina se colocó en su camino y la detuvo sujetando uno de sus antebrazos.
-¿Qué te ha pasado en la cara? Cielo santo, ¿estás bien? -dijo acariciando esa zona con la yema de los dedos y un evidente gesto de preocupación.
-Claro que sí. Solo fue un golpe con un trípode en el estudio.
Gina dudó un instante si la mirada de Ani era de vergüenza por haber sido tan torpe, o de que la viera así.
-Tengo que irme Gina, llego tarde. Y no me mires así, no duele -dijo antes de esquivarla con una sonrisa que pretendió tranquilizarla y acabar con cualquier duda sobre su argumento.
Gina no medió palabra, solo ladeó su cabeza hasta verla desaparecer escaleras abajo. Se tomó unos instantes antes de empezar a caminar despacio, con un extraño sentimiento por el comportamiento de la fotógrafa. Con sus manos en los bolsillos, se dirigió hasta la mesa de Owen para despedirse de él antes de irse a casa.


Las lágrimas de Ani amenazaban por salir mientras bajaba los escalones de aquella escalera que se le hacía eterna. Ladeó su cabeza un par de veces para cerciorarse de que Gina no la seguía preguntándose si había sido convincente y se conformaría con la triste excusa que le había dado. En esos momentos la cercanía de Gina le abrazaba como las más candentes de las llamas. Hubiera querido abrazarse a ella y dejar que le dijera que todo iba a salir bien, pero la verdad es que no se sentía capaz de contarle lo sucedido esos días, amaba demasiado a Lara como para que alguien la prejuzgara sin darle una oportunidad. Sintiéndose más sola que nunca, caminó deprisa por la calle hacia su casa.

Sobre el Autor

Paola Mejia

Editora en jefe y creadora de Lesbicanarias.es. Tengo 11 años analizando con ojo clínico las series, cómics, películas, libros y todo material que contenga un personaje lésbico. Soy periodista de profesión y ¡me encanta contar mis opiniones! Puedes encontrar más sobre mi en mi perfil en Linkedin

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