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Dos Mujeres y una leca

Dos Mujeres y una leca

Dos mujeres y una leca2:27 a.m. ¡Hola! El silencio ronda por aquí. Mi cuarto té de higo me ha dejado en un estado catatónico. El segundero del reloj hace protagonista al tiempo. Este querido enemigo mío no puede dejar de recordarme que hoy mi memoria es débil y que ninguna historia cruza por ella.

3:15 a.m. ¡Hola! Sí. Yo otra vez. Mmmm… ¿Sabías que después del agua, el TÉ es lo que más se bebe en el mundo? (#OkNo)(#TmrNecesitoConcentrarme).

5:32 a.m. ¡Hola! El bloqueo se debía a la necesidad de una buena y merecida siesta. Ya estoy lista.

No puedo recordar otra historia porque tengo una atravesándome el pecho. Es una de esas anécdotas que contienen la sagrada sabiduría leca de la que todas echamos mano alguna vez. Sabes que está bien y que está mal. Sabes qué podría hacerte daño, pero allí estás, metida hasta las orejas. Eres terca, cojuda, ciega y sordomuda. Te gusta la telellorona.


Cuando tengo que elegir entre dos males, siempre prefiero aquel que no he probado. Mae West

Como ya sabes, no había podido amar otra vez desde aquella mujer a la que tanto daño le hice. Han pasado cinco largos años y seguía sin sentir que merezco otra oportunidad de ser feliz.

Algo pasó hace poco, muy poco. Bueno ya, hace un par de mesecitos. Te cuento.

La noche en que conocí a la chica que hoy me roba el sueño, yo tenía ganas de beber como vikingo y lo hice (#PerseveranteSoy)

Salí con el grupo de amigas de siempre al #ValeTodo (Downtown).

Me puse el saquito de conquista, los zapatos de señor jubilado,el pantalón que me ajusta el derriere y la firme disposición de levantarme a alguien en peso.

A las dos de la mañana ya había marcado mi presa. La saqué a bailar haciéndome la borracha graciosa. Ya la tenía de la cintura y susurraba lo que podría hacerle más tarde cuando Sandra apareció.

Ella venía hacia mí sin saber a dónde se dirigía, confundida y asustada. Era traída por un mar de una multitud apabullante, que la dejó exactamente parada frente a mí. Estaba acompañada por un par de chicas que todas conocemos. Las tres se unieron a la patota.

Sandra Mendiola tiene un aire poco común.

Tiene la carita más perfecta nunca antes vista. La nariz tan pequeña y respingada que inevitablemente piensas en que se hizo cirugía. Pestañas que te paralizan cada instante en que caen y se elevan sobre esos brillantes ojos, que son como astros grandes y alargados. No puedo describir su boca sin hacer que la mía tiemble y se convierta en agua. Esos labios están hechos para encajar en cada rincón de mi cuerpo. Algo que ocurrió un par de noches después.

He sentido química con algunas pieles, pero su increíble tacto me eriza todo al primer roce. Nunca sentí esto antes. A veces sólo necesita mirarme como ella sabe hacerlo, para entrar en un húmedo éxtasis que traspasa mis sentidos.

Sandra no es sólo eso (aunque me casaría con ella solo por la hermosa imagen de verla saltando sobre mi cada noche). Ama tanto el té como yo. Está llena de detalles que me arrancan suspiros. Parece que me conociera de antaño. Puedo reconocer en sus gestos las líneas de mis manos, marcándose en los pliegues de sus sonrisas. Entiende de sintaxis. Respeta mi curiosidad y mi silencio. Anhela las mismas cosas que yo en un futuro cercano. A su lado no siento la imperiosa necesidad de salir corriendo. La pienso cada vez que respiro.

Sí. Estoy enamorada, pero… ya me conoces. Maldita sea. ¡Tú que me lees me conoces tan bien! (#AquíVieneLaWebada) (#ParaVariarPorLaCsm) (#TodoYoTodoYo).

La ley del no es un asunto sumamente peligroso. Cuando una mujer te dice que no, te arrebata algo. Nunca sabes que es, pero se lleva algo de ti que te deja en medio de un sinsabor ajeno pero parecido a tus más profundas desazones. Es un estúpido lío de juego mental que carcome tu patético ego y te encanta.


Amanda Rizo Patrón es mi talón de Aquiles. Me hizo añicos hace más de un año. Cada vez que me decía que no quería nada serio conmigo, aumentaban mis hijos imaginarios con ella (Ya tenía completo todo el equipo de fútbol).

Me llamaba cuando le daba la gana. Me tenía cuando lo necesitaba. Yo era su confidente, su amiga, su amante, su acompañante, su compinche, su plomera, su jardinera, su enfermera, su chofer, su masajista personal cama adentro y su mata cucarachas O.o (#QueTalimbécil).

Ella tenía el poder de revolverme el cerebro, sacudirlo y devolvérmelo hecho puré.

Un día se le ocurrió irse a Europa para “relajarse y encontrarse a sí misma”. No se despidió a pesar de haber pasado la noche juntas. Una amiga de ella me hizo el favor de informarme.

¿Sabes algo? Yo la quería. Su inteligencia es abrumadora. La seguridad de sus palabras contienen un sentido lógico bastante impresionante. Escribe de puta madre. Lee tanto o más que yo. Podemos hablar horas de arte y de las películas de Hitchcock. El entendimiento intelectual entre ambas es pleno. Mágico.


Una noche, dormía plácidamente entre los armoniosos y esperados brazos de Sandra, cuando el zumbido incesante del celular, acomodado letalmente bajo mi almohada me despertó.

Amanda me llamaba. Miré la hora. Eran las tres de la mañana. Las llamadas se hacían continuas. Me paré y fui hacia la ventana desde donde hoy escribo. La excusa que me autoimpuse fue que podía ser algo urgente.

Nella: ¿Aló?
Amanda: ¿Por qué no me contestas?
Nella: Por que es tarde y no son horas de llamar. Mi novia está dormida. Dime que pasa.
Amanda:
Nella: ¿Aló?
Amanda:
Nella: ¿Aló?
Amanda: Tú nunca fuiste alguien con quien podría tener una relación. Tu terror al compromiso es algo que siempre me frenó para algo más. Nunca pude sacarte de mis días. Siempre te busqué porque te me hiciste necesaria. Tuve que escapar e irme a miles de kilómetros de ti para no decirte que te amo. Hoy quiero decirte la vedad. Te amo. Yo sé que sientes algo fuerte por mi. Ven. Vámonos. Quédate conmigo.
Nella:
Amanda: Por favor.
Nella:
Amanda: Por favor.
Nella: Tengo que irme. Lo siento. No puedo.

Han pasado un par de meses. Hace unos días volvió a llamar y fui a verla.


Sandra. Amor. Tienes razón. Estoy rara, distante y distraída. Perdóname. Aquella noche que no fuimos al teatro y te dejé en tu casa, Amanda me llamó. Fui a su casa porque quise. Sin obligación alguna. No tengo excusa.

Nos besamos. Ese beso si significó algo: Que estoy segura que te amo con todo lo que tengo y pensé que no tenía. No volveré a verla. Contigo a mi lado o no.

Nunca le fui infiel a nadie y lamento tropezar justo de tu mano, que eres más que una luz en el firmamento para mi.

Tal vez cometo el error de querer apagar la llama de mi culpa contándote esto, sin pensar realmente en ti y en tu corazón. Hubiera sido más fácil prometerme a mi misma nunca faltarte de ahora en adelante sin lastimarte. Sé que soy egoísta por hacerlo así pero es la única forma que tengo de ser valiente. Sin escribir no soy yo. No soy Marianella. No soy. No soy.

Sé que esperas el post de hoy con ansias. Soy una estúpida. Acabo de perderte.

Pintura de la talentosa: Andrea Barreda

Sobre el Autor

Paola Mejia

Editora en jefe y creadora de Lesbicanarias.es. Tengo 11 años analizando con ojo clínico las series, cómics, películas, libros y todo material que contenga un personaje lésbico. Soy periodista de profesión y ¡me encanta contar mis opiniones! Puedes encontrar más sobre mi en mi perfil en Linkedin

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