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Vientos Celestiales por Kate Sweeney – Libros Lésbicos

Vientos Celestiales por Kate Sweeney – Libros Lésbicos

Casey Bennet, reputada compositora y pianista, se dedica principalmente a su trabajo y a no complicarse la vida con relaciones serias. La última de cierta duración la construyó con Julie, una piloto de aviones, con quien no llegó a buen puerto tras un tiempo de convivencia.

Poco podía sospechar Bennet que un día su abogado la llamaría porque tenía una carta de Julie con contenidos importantes. Julie encomendaba el cuidado de su familia a su ex, Casey, única persona de quien se fiaba para cometido tan delicado. A Liz Kennedy, su viuda, también dejó Julie una carta explicativa, que comenzaba así:

Hola, cariño: Las dos sabemos cómo estarán las cosas si estás leyendo esto. Lo siento mucho. Pero, oye, quiero que me hagas un favor. Me voy a poner en contacto con Casey Bennett, no te cabrees….

Liz Kennedy, se encontraba en una penosa situación: embarazada, con una niña de tres años y sin nada de dinero.

Ante una perspectiva tan sombría, Liz acepta la ayuda de una desconocida a la que a priori no soporta por la relación anterior que tuvo con su pareja recientemente fallecida. Todo esto lo hace tragándose su orgullo, convencida de que la convivencia será difícil, pero convencida también de que no le queda ninguna otra alternativa verosímil. Benett las acogerá en su casa hasta la llegada de la criatura. Por lo que respecta a la compositora, tampoco se encuentra radiante de felicidad, ante la perspectiva de tener que ocuparse de una señora embarazada y de una niña. Teme, con cierta razón, que este nuevo compromiso, además de molesto, incida negativamente sobre su habitual forma de vida independiente.

Las cosas no comienzan demasiado bien: para ambas partes los cambios en la vida cotidiana son brutales. Casey no está acostumbrada a tratar ni con embarazadas, ni con niñas de tres años. Liz, por su parte, ve en Bennett una egoísta, arrogante y engreída mujer incapaz de mantener relaciones maduras y, mucho menos, llevar una vida familiar.

Lo cierto es que la compositora tampoco se ve muy capaz en estos terrenos. Ella a lo que está acostumbrada es a tener una amante ocasional (en estos momentos, Suzette, intérprete de chelo de altas habilidades sexuales, pero que toca el instrumento musical espantosamente). Pero su posición económica es bastante desahogada y puede mantener una casa en el campo, un apartamento en Chicago y seguramente también puede mantener a las dos personas (y otra en camino) que justo ahora se encuentran a su cargo temporalmente. Como vivir bajo el mismo techo hace imposible la incomunicación (la mayor parte de las veces), Liz y Casey terminan por conversar y comienzan a soportarse primero, y a comprenderse después. Aunque en el proceso de acercamiento de ambas, quien más contribuye día a día es la chiquilla: Skye. Resulta toda una sorpresa para Benett, que nunca sospechó que los niños pudieran gustarle alguna vez. Sin embargo, Skye es un renacuajillo encantador y Casey (a la que la cría llama “Cafey”) termina por quererla con locura.

En cuanto a Liz, hay que tener en cuenta que está embarazada (muy embarazada) y que en tal estado resulta una cafetera de hormonas a punto de explotar. Así que sus cambios de humor son apoteósicos: tiene cabreos espeluznantes y al minuto siguiente está lábil perdida y rompe a llorar.

En este escenario nada sencillo tiene lugar el proceso gradual de atracción que Casey y Liz van a ir sintiendo poco a poco la una por la otra.

¿Acabará en verdadero amor o lo opuesto de sus personalidades impedirá llegar a buen puerto?

El título de la novela, “Vientos Celestiales” se extrae de un poema de Shelley que Liz lee por la noche a su niña para que se duerma y, concretamente, de los siguientes versos:

Las fuentes se unen con el río y los ríos con el Océano.
Los vientos celestiales se mezclan por siempre con calma emoción

El libro relata una historia romántica que plantea ciertos puntos de interés. En primer lugar, no es muy habitual que en este tipo de narraciones se incluyan aspectos como la maternidad, la vida familiar, etc. Aquí la cuestión del embarazo, de la responsabilidad de tener hijos y de lo que implica para la relación de pareja están en un primer plano. Por otro lado, tampoco resulta frecuente la intervención de niños (sobre todo tan pequeños) como personajes actantes y activos de la trama. Skye dinamiza mucho la acción y crea matices importantes en el desarrollo de la historia. Está en la típica edad en que a los niños o los odias, o los adoras: habla con una media lengua muy graciosa, lo entiende todo a su manera, no hace más que preguntar por todo insistentemente…y es de todo punto inocente. Esa inocencia sirve en algunas zonas de la narración para verbalizar lo que las adultas no perciben o no quieren ver.

Por último, también presenta un tema real y duro: la viudedad y, para mayor desgracia en el caso de Liz, los problemas materiales que pueden derivarse de la misma.

“Vientos celestiales” es una buena historia, de lectura rápida y agradable. Puede terminarse fácilmente de un tirón sin fatiga. Una buena opción para las amantes de la novela romántica norteamericana. Que la disfrutéis, si os apetece.

Edición que cito: Sweeney, K. Vientos celestiales. Ed. Egales. Barcelona/Madrid, 2012.

Sobre el Autor

Carmen Sánchez

Soy de ideas fijas. Vivo en la meseta norte española. Estoy felizmente casada, después de muchos años de vida en común, y que vaya tan felizmente como hasta ahora. Me encanta el cine (sobre todo el clásico), la buena literatura y las historias bien contadas. En el Twituniverse se me conoce como @havingdrink

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