Medias tintas

Chica de mis sueños, voy a ponerte en situación:

Un relato en el que se lee la verdad sin maquillar.

Una novela que es una herida tratando de sanar.

Un poema que es aprendiz de tu manera de recitar.

Descubrí el estilo menos doloroso para hablarte. Son las palabras escritas desde el corazón herido de una joven con alma de poeta maldita, o una maldita poeta con el alma joven. Tropecé con este método de confesión antes de que la locura del silencioso amor perdido pudiera conmigo. Esta costumbre abarrota mis días huecos. Y sobrevivo acariciando las letras en las que una vez tú y yo nos unimos.

No se trata de una verdad a medias. Tan solo es una doble mentira.

 

¿No lo ves?

Tropiezo una y otra vez con tus ojos. Me caigo de boca en su mirada, y acabo perdida entre tonos oliva y pardos. La mezcla de colores de esa gama es tan incoherente que puedo permitirme el lujo de unirme a la locura, perdiéndome para siempre en ellos sin parpadear. Agarrarme a tus pestañas, que son el último sustento que me queda para mantenerme en pie. Nadar cuando lloren, de risa o de pena, pero siempre dentro de ti. Tus ojos son especiales, como tú.

 

La noche en que te vi marchar

dejé de vivir y empecé a soñar.

Por mucho que me intenté engañar

me dije: “basta, no llores más”.

 

Si me queda camino por andar

quiero recorrerlo sin más pesar.

Tu recuerdo no hace más que flotar

en mi forma de pensar.

 

Una mujer, otra tal vez y otra más

no bastan para olvidar

el dulce brillo de tu mirar.

Que nunca me ha dejado de hipnotizar.

 

Preguntas sin respuesta, sin importar,

aún así me logras inspirar.

Nunca te he dejado de amar.

¿No lo ves en mi mirar?

 

De abismo en abismo

Siempre tengo muy presente tu boca, que nunca he acariciado. Me obsesiono y la idealizo sin remedio. Cuando pienso en ella me toco con el corazón los filos de mis labios. Lo bueno es que tú tampoco alcanzaste la mía, y eso lo hace todo más soportable.

Aunque me duele reconocerlo a destiempo, te quería. Y aunque es de lo más inoportuno, traigo cada madrugada tu sonrisa hasta mi cama para ser capaz de soportar los lunes por la mañana, los viernes que no vienes y los domingos que no compartes conmigo.

Afirmo que ya no sufro por ti, pero la procesión va por dentro. En ese abismo me asesina tu recuerdo sin pararse a pensar que sus acciones están mal.