Los recuerdos juegan un gran papel en la vida y Cris es muy consciente de ello. Sobre todo cuando esa memoria pasada envuelve a personas importantes, personas que marcaron un antes y un después.

La nostalgia es un sentimiento muy poderoso, les superpone un filtro a los recuerdos, acentúa los detalles, suaviza los bordes, los difumina, te acaba haciendo creer que está al alcance de la mano regresar a esos instantes, para cerrarte la puerta en las narices cuando intentas tocarlos.

Cris no imaginaba que un montón de años más tarde iba a toparse con la chica que le gustaba cuando era adolescente. Bueno, y que le sigue gustando, seamos realistas. Se llama Daniela y acaba de verla en el híper. Ha sido un encuentro fortuito, casual, imprevisto. Aunque no quiere hacerse ilusiones, no puede evitar mirar con expectación la cena que se avecina. Ha quedado con Daniela esa misma noche, para charlar y ponerse al día.

No saben nada la una de la otra. Sólo son dos viejas amigas separadas desde hace siglos. Daniela no sabe que Cris sentía por ella algo más que camaradería juvenil. Pero, ¿qué siente ella por Cris? La acción se va desarrollando al principio mediante las confidencias de Cris en primera persona. Pero pronto la narración de la propia Daniela hace su aparición. Ambas, alternativamente, cuentan su evolución vital, sus experiencias, sus sentimientos.

Y entre estas confidencias, aparece un personaje importantísimo: Edu. Edu es el primo de Cris. Pero no es un primo común y corriente, su intervención en la infancia de Cris es crucial por muchos motivos. En principio, resultaría como un hermano mayor, lleno de consejos, apoyo y cariño hacia su hermanita pequeña. Él juega una pieza clave en el desarrollo y nacimiento a la edad adulta de Cris. Con Edu, Cris aprende muchas cosas y quizás la primera de ellas es respetarse a sí misma y aceptarse tal como es. Porque, como ya ha quedado de manifiesto, a Cris le gustan las chicas.

Ahora bien, ese primo tan querido, tan vital para nuestra protagonista, irónicamente termina decepcionándola. Sigue muy enfadada con él, aunque le añora más de lo que es capaz de reconocer. Pero no quiere hablar del tema, ni siquiera aclararle a su madre cuando le pregunta qué le ha pasado con Edu para que hayan roto todo contacto. Ni siquiera se lo cuenta a Daniela.

Cuando las cosas se pongan mal de verdad y Cris se entere de que Edu está postrado en la cama de un hospital, quizas reaccione y trate de recuperarle. Porque su querido primo, tan lejano ahora, carga con un peso superior a sus fuerzas y necesita ayuda. Todos los armarios son terribles y los gays en plena época del SIDA se llevaron la palma del estigma social.

Daniela tiene mucho que dar y compartir con Cris. Ha descubierto cosas insospechadas sobre sí misma en todo el tiempo que ha pasado y cree sinceramente que merece la pena intentarlo con Cris. Pero el armario de las bisexuales tiene tantas oscuras sombras como el de las lesbianas. Y a veces sus vacilaciones siembran de dudas a Cris, que lucha contra la idea de que Daniela sólo esté experimentando.

Eso es lo que no quieres de una curiosa, alguien que se avergüence de ti, alguien que piense que lo que siente está mal, y que viva siempre pensando en el famoso qué dirán, pero que no dudaría en presumir de la anécdota cuando le convenga.

“Arreglándome la vida” cuenta historias interiores, de evoluciones personales, luchas, derrotas y victorias íntimas. Por sus páginas desfilan prácticamente todas las siglas LGBTI, con una mirada lúcida hacia el pasado más inmediato: días no tan lejanos en que era normal morirnos de vergüenza y de angustia. Los recuerdos de los personajes contrastan vívidamente con el momento actual en que los problemas aún existen, pero nuestra capacidad de combate es mayor y el entorno menos hostil (aunque la hostilidad aún persista y debiera desaparecer por completo). Se incide con intensidad en el tema de la homofobia interiorizada y sus nocivos efectos sobre la personalidad de quien la sufre.

Y se volvió a sentar, comenzó a hablar de cómo, a veces, uno odia en otras personas lo que tiene de común con ellas. Para no odiarte a ti mismo, dijo, parecía que hablaba consigo mismo.

Como de la homofobia interiorizada nace el deseo de alcanzar la heterosexualidad (porque aliviaría todo ese sentimiento de rechazo hacia uno mismo), también se toca el asunto de las “terapias” de conversión.

Una vez más en mi vida, intentaría dejar de ser gay. Seguro que existen libros que te explican cómo paso a paso, al igual que cuando quieres dejar de fumar o bajar de peso. Pero no es lo mismo. No. Se trata de invisibilizar quién eres, ocultar tu propio ser. Es mucho más que un agujero negro, es una negra sombra… “sombra que sempre me asombras”. Rosalía.

El compromiso con el colectivo LGBTI se deja muy claro. Incluso hay un pequeño alegato final en el que la protagonista hace una auténtica declaración de intenciones. Helo aquí:

Son muchos los artilugios de aquellos que quieren debilitar nuestro colectivo. Los míos son amor, respeto y, desde ahora, mis manos dispuestas a darle el apoyo y la seguridad que haga falta a todas esas personas que dan sus primeros pasos hacia la libertad.

En cuanto al estilo de la obra, como ya hemos señalado, se basa principalmente en la alternancia de las narraciones en primera persona de los personajes principales. En muchas ocasiones, nos cuentan asuntos tan personales, que llegan a ser verdaderos monólogos interiores. Resulta muy innovadora la inclusión de poemas de la autora en diferentes puntos de la novela, y que aluden directamente a la historia que en ese momento se está abordando. Por ejemplo:

Si la vida es sueño,
Y a ti no te queda ninguno,
¿estás viva?

Es más, la autora se atreve con poemas en inglés. De hecho, la novela termina con “Pulse”, una poesía extensa y poderosa, compuesta en honor a las víctimas del club gay Pulse de Orlando, EEUU (atentado terrorista homófobo perpetrado en junio de 2016).

En resumen, estamos ante una novela con buen ritmo narrativo, un argumento interesante, una historia bien trabada, personajes construidos con solidez y profundidad de mensaje. Y además, incluye poesía. Parece una buena opción para entretenerse y a la par reflexionar un poco. Que la disfrutéis, si os apetece.

Arreglándome la vida (Ficción general nº 4)
Cris sabe mucho de espectros, desde el asperger hasta el queer. Siguiendo su rutina, va al supermercado un sábado cualquiera, donde se encuentra con quien fue su primer flechazo de la adolescencia. Daniela se ha mudado a Madrid para darle un giro a su vida, aburrida de la que había escogido casi sin querer.