Mi hogar

En tu cama, en tu Vida, en tu Corazón me quiero quedar.

Cada respiro que le nace a tu Alma es, para mí, la definición de hogar.

Musa imposible

Tuve miedo de invitarte a mi Vida.

Me conformo con que sigas siendo Poesía.

Soñé con ella II

Mi herido y acogedor diario:

Esta noche he soñado precioso.

Me quedé dormida contemplando la única foto en la que salimos juntas. Una imagen en blanco y verde con tonos aguamarina de esos que tanto le gustan.

Soñé que estábamos en un hotel asistiendo a una especie de congreso sobre Escritura comparada y nos alojábamos en habitaciones separadas.

Soñé que entraba en la mía y, a través del ventanal, se apreciaba el atardecer de la ciudad; en sus calles reinaba una calma inusual. Tras suspirar a través del cristal, nos sentábamos a charlar.

Hablábamos más con las pupilas que con la voz y empecé a sentir el mono. Necesitaba su sonido, pues soy adicta a las palabras envueltas por su satinado tono. Me encanta sentirme seducida por ella mientras con mis oídos la succiono. Es la droga más sana que conozco cuando canta bajo el olor a ozono.

Soñé que sentía tanta, pero tanta dependencia de lo que le nacía de los labios que me acercaba a buscar a besos su esencia y ella me correspondía, extirpando de mi Alma tal ausencia.

Soñé que le susurraba «ven, quédate y sé visible». Sentía la fortuna por una vez, era increíble… La Vida me regalaba una alegría al encontrar un Amor compatible con la condición de que, en aquella ocasión, no lo desperdiciara con mis bobadas de Artista y Musas imposibles.

Soñé que nos sonreíamos y yo le acariciaba la espalda, sobresaltándome por su tacto. Me resultaba extraño pero hipnótico —aún lo añoro mientras mi ilusión onírica redacto—. Su calidez era contradictoria: suave y, al mismo tiempo, áspera; parecía tratarse del tapiz ideal para pintar un cuadro abstracto.

Soñé que le revelaba cuánto deseaba hacer el Amor con ella, aunque fuera a parpadeos, sin ninguna maldad. Me respondía que necesitaba tiempo para tal intimidad porque acababa de descubrir su sexualidad. Yo lo aceptaba y abrazaba su miedito para reconfortarla, adorando de paso su ternura como si ella fuera una exquisita deidad.

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Mi querida amiga confidente que hoy has tomado la forma de un diario:

¿Sabes lo mejor? Cuando me desperté no sentí que volvía a existir en un calvario al descubrir que todo había sido un sueño o un mal fario. En mi lado de la cama solo descansaba su recuerdo y no sentí ruina ni desesperanza, sino todo lo contrario.

Desperté con un pálpito sin ruido—o tal vez fuera el latido que le entregué anoche a través de las estrellas para que lo reposara junto a su almohada el bueno de Cupido—. Solo espero que esto no sea producto de un malentendido y me pida que me marche por donde he venido.

Sé que he soñado más cosas pero las he olvidado. Casi mejor que haya sido así, me será más fácil soportar el día sin ella pero me guían mis sentimientos encontrados. Si me atasco reviviendo el sueño una y otra vez, corro el riesgo de olvidarme de vivir y acabar de nuevo con el Amor derrotado…

Ojalá pronto reúna valor suficiente como para hacerle saber lo mucho que la amo y que mi Corazón no le miente.

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