Lo que me sale de la punta de la pluma

El miércoles, en el Umbral de Primavera, floreció el primer crimen de inocencia.

Me declaro culpable de decir la verdad ante esta audiencia. Soy responsable de Amar y respetar con suciedad y demencia. Soy la autora principal de querer jurar sobre un Altar con coherencia. Me encerraron presa por preferir pasear libre entre tu matorral rizado de elocuencia y chapotear con paciencia en todo tu elixir cristalino, libre de delincuencia. Si la pena de muerte es mi sentencia, acepto el cargo antes que fingir y disfrazar mi Alma de latidos inertes en vuestra presencia.

Sé que he tenido suerte porque mis sentimientos jamás los podrá razonar la ciencia. Decir lo que me sale de la punta de la pluma es mi esencia. A quien no le agrade, le pido con diferencia mis más hipócritas disculpas sin el menor rastro de impotencia.

Una pregunta…

Y responde con total sinceridad.

¿A quién ves cuando cierras los ojos?

Al revés

Me asusta darle la vuelta a mi vida, ponerla del revés. Girarla por completo en sentido contrario. Me aterra todo eso, pero hay algo que me horroriza mucho más que encontrarme a mí misma: perderte para siempre. Porque ya no sabría vivir una vida real si no estás tú para decirme que lo es, para bajarme de las nubes, donde tantas veces escucho tus melodías. Rompería con ansia con todo lo que no seas tú. Me mudaría de casa, de rutina y hasta de vida si eso significa compartirla junto a ti.

Y que si no sale bien, la hostia la sabremos sobrellevar porque, al menos, no callé, no callamos, y sí lo intentamos.

La peor droga es el silencio que se prorroga.  ¿No lo ves?