Yo ya no soy yo

Yo ya no soy yo, sino una loca que se me parece. Una demente perdida entre recuerdos deformes. Distorsionados por el paso del tiempo. Un paso que, a medida que avanza, me atropella otra vez. Un paso que no se detiene por compasión, que no sabe de lágrimas o risas, de felicidad o sonrisas. Un paso, en definitiva, que hace lo mismo que tú: pasar.

Esperando (o la nueva versión de “Brujería”)

¿Qué es lo que te frena en la vida?

¿Qué quieres de la vida? ¿Qué quiere la vida de ti?

Ya no espero para ser feliz. Ya no espero a poner excusas para no hacer lo que QUIERO hacer.

Eres de ese tipo de felicidad que va siempre un paso por delante. Que rozas con los dedos y se escabulle. Que es sibilina, resbaladiza, hipnótica y muy adictiva.

“Esperando” ha sido el verbo más agónico de mis días. Y tras tanta espera, he dejado de esperar al amor equivocado. Tú, pasado mío, ya formas parte de un adiós. Tu recuerdo, infierno mío, ya ha pasado.

Dejé que tu tren se me escapase. Cerraron hasta la estación. Incluso la derribaron. Lo malo es que yo seguía dentro cuando todo eso sucedió.

La espera implica fracaso-éxito. Abandono la vida en blanco. Ya he esperado bastante un amor que nunca me correspondió.

Una condena a Vida

Eres como una maldita condena que dura desde un sinfín de años hasta el día en que se acabe todo. Una sentencia jodida en la que la pregunta crucial es ¿qué habría pasado si…? Ese “si” no tiene nada de positivo, al contrario.

Un tortuoso tormento repleto de preguntas ignoradas por tu parte y respuestas silenciadas por la mía que acabaron sancionando a mi Corazón a una condena de muerto en Vida, sin sentirme querida ni siquiera por tu apatía más prohibida…